Indignante

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Los Diputados aprobaron ayer el proyecto de ley que amplía el presupuesto para el Poder Legislativo en G. 12.599.300.000, de los cuales G. 8.800 millones serán destinados para el pago de gratificaciones a funcionarios de la Cámara Baja. La indignación generalizada inmediatamente invadió las redes sociales y los medios de comunicación. Ciudadanos de todas partes expresaron su disconformidad de lo que se considera un abuso.
Los argumentos de los diputados pueden ser válidos y hasta legales y si consideramos la cifra en comparación con otros grandes negociados con el presupuesto nacional, no significaría un golpe mayúsculo para las arcas del Estado.
El diputado Walter Harms fue uno de los defensores del denominado tercer aguinaldo señalando que es un derecho adquirido de los funcionarios, por lo que correspondía restituirles. El problema de la función pública es una caja de pandora que difícilmente podrá ser solucionado sea cual fuere el partido que esté en el gobierno. Años de privilegios y corrupción no se pueden sanear solamente con buenas intenciones. Las instituciones públicas son cotos de poder donde cada administración va instalando a sus hombres y mujeres, que van acumulando estabilidad y privilegios, que se tornan prácticamente imposible de erradicar. Se sabe que en varias instituciones donde impera la precariedad, los funcionarios reciben gratificaciones durante el año y no es que se destacan precisamente por su buen servicio, como es el caso del Instituto de Previsión Social, el Poder Judicial y el Ministerio de Hacienda.
Entonces, históricamente los funcionarios públicos siempre fueron una clase privilegiada, que en vez de servir a la sociedad se sirve de ella. Como siempre y en todo los casos existen las raras excepciones de funcionarios honestos y trabajadores que trabajan con patriotismo, desafortunadamente siempre son los menos y en coincidencia los más marginados.
Habiendo tantos problemas que a diario se ventilan en nuestro país, donde las escuelas se caen a pedazos, los hospitales no tienen medicamentos, los niños y embarazadas mueren por falta de atención médica y familias enteras pasan hambre, la gratificación, sobresueldo o tercer aguinaldo para los funcionarios de la Cámara de Diputados es inmoral, aberrante e indignante. Más todavía si consideramos que el congreso está minado de funcionarios que son parientes y hasta amantes de los legisladores.
Se espera que por un mínimo de decencia la Cámara de Senadores haga las modificaciones necesarias para terminar con estas prácticas que indignan a toda la sociedad. Al mismo tiempo, se debe iniciar un gran debate nacional para depurar y sincerar los salarios de los funcionarios públicos, ya que con gratificaciones y otros tipos de sobresueldos se terminan asignado sumas multimillonarias, cuando que el servicio y la atención a la ciudadanía en las instituciones públicas siguen siendo lamentables.

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