El amor por los pobres

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Una vez conversando con una persona, ésta me preguntó, por qué ustedes los periodistas se “estrellan” tanto contra los políticos. A modo de ejemplo mencionó en nuestra charla a algunas autoridades que tienen fama de “ayudar” a los pobres.
En un guaraní cerrado, me dijo que no entiende el por qué de las críticas frecuentes hacia esos gobernantes, siendo que constantemente aparecen en la televisión en actos de entrega de dinero o canasta básica a gente carenciada. En síntesis, lo que me quiso decir es que a pesar de todas las fallas que hayan cometidos en su gobierno pueden ser perdonados solo por el hecho de que “ayudan a los pobres”. Y este concepto es lo que hoy quiero reflexionar, ya que es bastante habitual en nuestro contexto regional.
Acto de caridad se entiende como ayuda al semejante sin esperar nada a cambio. Sin embargo, esta abnegada solidaridad que sienten nuestros políticos por la gente más vulnerable tiene un porqué y un para qué. Es más, esta es una de las actividades más frecuentes en su agenda de gobierno, con el que intentan engañar, distraer y solapar, de cierta manera, la ineficiencia de su gestión.
Las redes sociales hoy en día se han convertido en una de las fuentes de información más populares de las que hacen uso los políticos para mostrar públicamente lo que realizan y es allí en donde podemos ser testigos de quienes recurren a esta falacia. Publicar fotos con niños y ancianos, estrechando un fuerte abrazo es lo más común que podemos encontrar.
Aquí lo que debemos entender es que acercar el famoso “ayudomí” a las familias que viven en la pobreza no resuelve su situación. Esa gente no necesita ayuda, necesita asistencia que le permita elevar su calidad de vida, como programas de desarrollo rural, laboral, educativo y de salud. Pero esto al político no le cae bien, porque le conviene que “ese pobre”, potencial votante, siga allí en su cuchitril, esperando que venga el “mesías” a salvarlo. Así esto se convierte en una rueda que mientras más va rodando, más va creciendo. Cuanto más pobres, más votantes, cuanto menos educación reciban, más manipulables, es por eso que la clase política no permite que las vías de desarrollo alcancen a donde en realidad deben llegar.
El “amor por los pobres” no es más que jugar con la necesidad de la gente, una de las estrategias políticas más despreciables y ruin, y es contra esto lo que debemos luchar.

Por Patricia Alvarenga

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