Sociedad insensible

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El desalojo de unas 30 familias indígenas de la parcialidad denominada Avá Paranaense de Minga Porã provocó gran indignación en la sociedad. Las fotografías de unas chozas quemándose y unos niños llorando impactaron profundamente. La aparatosidad del operativo una vez más llamó la atención. Para cumplir el desalojo fueron movilizadas 12 patrulleras con agentes policiales, un ómnibus con agentes del GEO; policía montada con seis caballos, y dos camiones de carga del Indi. La orden fue firmada por el juez Emilio Gómez Barrios. Ante la aparatosa comitiva, los aborígenes se vieron obligados a huir y refugiase en el bosque de la reserva Limõy.
La propiedad tiene unas 600 hectáreas y ya era ocupada por los aborígenes de la parcialidad Avá Guaraní, luego de que estos perdieran sus tierras por el represamiento para el embalse de Itaipu.
Es probable que el desalojo esté fundado en la legalidad y el derecho, pero lo que una vez más salta a la vista es el absoluto desinterés del Estado paraguayo para proteger a los más vulnerables. Al tratarse de una comunidad nativa se debieron haber previsto todos los requerimientos para asegurarles un nuevo asentamiento. Son apenas 30 familias que perdieron sus tierras ancestrales con la construcción de la represa de Itaipu, una entidad binacional que debió haberse encargado hace tiempo de brindar una solución a este problema.
El contrasentido es mayor cuando se sabe que la Itaipu derrocha anualmente sumas exorbitantes en obras inservibles o en salarios multimillonarios a asesores o a recomendados de políticos sinvergüenzas.
Nuestro país ahora deberá responder ante los organismos internacionales sobre este nuevo atropello, que se suma a otra serie de acontecimientos que nos muestran como una sociedad insensible que ignora y condena a los más vulnerables de su población. Esta nueva y dolorosa experiencia debe servirnos para que como sociedad comencemos a exigir respuestas integrales para las comunidades nativas. Son pocas las que todavía quedan y viven condenadas a la miseria y el abandono. El Estado tiene recursos suficientes para asegurarles una vida digna. Solo hace falta un poco de humanidad y patriotismo.

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