El corazón del voluntario

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lina-beLa semana pasada la Fundación Apostar por la Vida hizo su colecta solidaria donde se movilizaron más de cuatro mil voluntarios a nivel regional, con el propósito noble de recaudar fondos para la construcción del primer hospital oncológico en el Alto Paraná.
En un recorrido por los puestos de comando, vi un cartel muy verídico, esta decía “No hay nada más fuerte en el mundo que el corazón de un voluntario”, palabras muy fuertes a mi parecer, porque estos jóvenes no solo piensan en qué vestir, cual es la moda, sino van más allá del servicio comunitario.
En este octubre, resuena con más intensidad datos escalofriantes de las muertes a causa del cáncer, y con más razón los corazones de los voluntarios dieron el sí para construir este sueño, anhelado por más que nadie, los pacientes oncológicos, que no tienen opción de tratamiento (hasta el momento) en el Alto Paraná.
En más de una oportunidad me tocó escuchar los padecimientos de los pacientes y sus familiares, que deben viajar más de trescientos kilómetros, a una ciudad desconocida.
De ahí la importancia de los trabajos que hicieron los voluntarios, para acercar a estos pacientes cada vez más al sueño de no tener que viajar kilómetros para un tratamiento oncológico.
Pero este cartel no solo refería a ese evento, porque porque todos los días vemos voluntarios como los Bomberos que acuden salvar vidas, a cualquier hora que sean requeridos, desde rescate de animales hasta accidentes de tránsito.
Agregaría a ese cartel “no hay nada más grande que el corazón de un voluntario”, en este mundo tan inmerso en el egoísmo y la globalización, que ya son pocos los que miran a su alrededor, que velan por el prójimo.
No conocen el cansancio, no está en su vocabulario “darse por vencido”, mucho menos “no es mi problema”, porque saben que este mundo necesita de ellos, más que nunca, para revitalizar la solidaridad en el ser humano.
Ojalá esta especie nunca se extinga, la del voluntario, que sin esperar a recibir algo a cambio, sale a las calles a pedir en favor de los demás, a ayudar en un momento de urgencia, sin distinguir si es rojo o azul, o si es de Cerro o Olimpia.
Luchemos todos contra el mayor de los males, que es la indiferencia hacia los más vulnerables, borremos la frase “no es mi problema” y ser también voluntarios para llenar de humanidad los días, que nos hace mucha falta.

 

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