Policías que dan miedo

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tereza-freUna de las instituciones con menor credibilidad y reputación del país es la Policía Nacional. Y tiene méritos suficientes para ganar esta fama. Esta semana, tres agentes fueron filmados cuando supuestamente plantaron droga en el auto de una joven para exigirle coima, en la capital del país. Otros, que prestan servicios en la división de investigaciones de Alto Paraná fueron denunciados de extorsionar a comerciantes encarnacenos. Es solo a modo de mencionar dos casos recientes de las serie de denuncias de procedimientos irregulares, corrupción, abuso de poder y otros tantos comportamientos ilícitos que los uniformados comenten todos los días.
La falta de confianza a los efectivos de la fuerza del orden llega al punto de que cuando uno circula por las calles y de repente ve una barrera policial en vez de dar la sensación de seguridad lo que nos llena es la angustia de que los uniformados no inventen alguna cosa para detenernos o exigir coima. Muchos incluso afirman que cuando ven a un grupo de policías no sabe si sale huyendo o les pide ayuda. En realidad, ahora los policías dan miedo.
La corrupción imperante en filas policiales hizo que perdieran totalizare la credibilidad. Ahora la novedad no es que salten, coimeen o extorsionen. La novedad es que tengan algún esporádico comportamiento honrado y eficiente.
Parece que nadie dimensiona la gravedad de perder la confianza en los agentes que están pagados por el Estado para mantener el orden y la paz social. A velar por la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. La destrucción moral de la institución llega al punto que en sus filas operan grandes delincuentes disfrazados con el uniforme y que están totalmente alejados de la noble labor policial de combatir la delincuencia.
Para erradicar este mal cancerígeno de la sociedad, se debe trabajar tanto dentro como fuera de la institución policial. Dentro de la propia institución policial se debe articular esfuerzos para ir sacando de las filas a los uniformados corruptos que deshonran a su uniforme. Además es necesario elevar el autoestima de nuestros uniformados con salarios dignos y mejor formación técnica y ética.
Pero además hace falta que la justicia ordinaria sea implacable en la persecución penal de ilícitos cometidos por policías, considerando el agravante que proviene de personas que están para combatir la delincuencia. En ese caso las denuncias de ciudadanos de bien que no se prestan a sus chantajes ayudaría mucho. Incluso se debe apelar a las denuncias dentro de la institución, garantizando el anonimato, la seguridad e incluso recompensa de los prefieren denunciar una corrupción y la delincuencia de sus camaradas y no convertirse en cómplice.
Los policías dan miedo y está en manos de todos cambiar esta peligrosa y triste realidad.

 

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