Vergonzoso e indignante

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El abogado Paraguayo Cubas fue sometido a una brutal golpiza el martes pasado por un grupo de guardiacárceles, durante un incidente en la cárcel regional. Desde ese día, su esposa Yolanda Paredes pidió al juez de Garantía, Marino Méndez que le conceda un permiso para ser asistido en un hospital, considerando que además de las lesiones provocadas por la brutalidad de los guardias, padece de una dermatitis, hipertensión y es celiaco. Ese martes, la esposa de Cubas aguardó una respuesta del juez, hasta las 22:00 horas para recibir un: No. El miércoles, volvió a visitar a su esposo y lo encontró peor, nuevamente recurrió al juez Méndez, quien estaba de turno. Ese día a las 19:30 dictó otra providencia y ni siquiera informó a la parte interesada. Cuando una periodista de nuestro diario le preguntó, el juez Méndez de forma prepotente respondió que los abogados se informen en la secretaría del juzgado. Para entonces, Paredes ya había perdido las esperanzas y a las 19:00 había ido a su casa. Cuando supo que el magistrado dictó una providencia, volvió al juzgado pero se encontró con las oficinas cerradas y ni los actuarios ni el juez Méndez le atendieron el teléfono. Nuevamente se quedó sin nada. Ayer a la mañana, le informaron que de nuevo se rechazó el pedido de permiso para su esposo que seguía mal a causa de las afecciones varias. Le dijeron que recurra por las vías que corresponden porque “no se trata de una urgencia”.
Cubas estaba asilado en una celda con cuarenta grados de calor, su dermatitis atípica se agravó causándole irritaciones y ronchas en todo el cuerpo, además, le subió la presión arterial. El abogado perseguido político por la Fiscalía y el Poder Judicial esteño no fue auxiliado sino hasta que se desmayó en la cárcel, ayer a la tarde y tuvo que ser sacado de urgencias para ingresarlo a un hospital. Los médicos confirmaron que tenía una costilla fracturada que comprometía su pulmón y que su cuadro de nervios y presión alta lo tenían al borde de un colapso.
Los jueces de garantías, en este caso Marino Méndez, tiene la obligación de controlar el cumplimiento de todos los principios y garantías establecidos en la Constitución, en el Derecho Internacional vigente y en el Código Procesal Penal, durante la tramitación del proceso. En este caso, Méndez con una irresponsabilidad tremenda, atribuyéndose funciones de médico le negó varias veces el permiso a Cubas con el argumento que no era un caso urgente. Humilló a la señora Paredes, sometiéndola a innecesarias esperas e idas y venidas para negarle nuevamente el pedido atención médica.
A todas luces, los administradores de la justicia en el Este demuestran una bajeza tal que se toman la revancha contra la persona que cintareó a dos jueces, y se aseguran de que el castigo sea implacable al punto de jugar con la vida del procesado. Vergonzoso e indignante.

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