Meter plomo a los motochorros

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En menos de la mitad de este noviembre fueron liquidados dos presuntos asaltantes denominados motochorros. Además, varios fueron detenidos, algunos heridos en persecución policial o vecinal, ya sea al ser baleados o sometidos a alguna dura paliza. La edad de los protagonistas sospechosos no superan los 30, incluso algunos son menores.
El 3 de noviembre en presidente Franco un cuarteto de presuntos delincuentes se enfrentó a tiros con los uniformados. El supuesto líder, Rubén González González tiene solo 24 años, fue detenido con otros cómplices. Por fortuna no hubo saldo fatal pese al feroz enfrentamiento. El 5 de noviembre, otro joven sospechoso no tuvo la misma fortuna, se trata  Claudio Daniel Candado Giménez de 25 años, muerto a tiros en un enfrentamiento policial, en Hernandarias. Al día siguiente, otro joven de 18 años,  identificado como José Antonio González Aquino fue baleado y detenido. En otro episodio del 7 de noviembre, también en Hernandarias, fue muerto a tiros Heber González Alderete (20), supuestamente después de perpetrar un asalto. Son solo algunos de los episodios protagonizaron por los considerados  motochorros.
La sociedad, cansada de los asaltos, en masa festeja cada motochorro muerto, herido o detenido. Felicitaban a los que ponían fin a la vida de esos jóvenes. Es muy comprensible que el hartazgo nos ponga en una situación tal que sin pensarlo mucho, lo único que queremos de deshacernos de aquello que nos roba la tranquilidad.
Nada justifica la actuación de los asaltantes que salen a matar a diestra y siniestra a inocentes para robar un celular o un poco de dinero. Pero, tampoco justifica que se responda con la misma crueldad y violencia extrema. Si nos ponemos del otro lado por algunos minutos veríamos las cosas un poco diferente. Son jóvenes que probablemente esperando un puesto laboral desde hace años, a lo mejor sin pan para dar de comer a su hijos, con los mismos sueños tuyos y míos de ser un profesional pero que nunca tuvieron oportunidad de nada. Podría ser tu hermano, hijo, primo u amigo. Nada justifica la actividad delictiva, hay muchos compatriotas que a pesar de la falta de oportunidades siguen batallando y buscando la forma de sobrevivir dignamente, pero la solución al problema de la delincuencia nunca debería ser meterles plomo.
Deberíamos reflexionar porqué ocurre este fenómeno y qué podemos, cada uno, hacer como miembro de esta sociedad para revertirlo. La falta de empleo, de oportunidades de estudios y muchos otros factores hacen que los jóvenes estén buscando el dinero fácil, no porque es lo que más anhelan en la vida, sino porque no les queda otra.
Podemos “meter plomo” a cuantos asaltantes se nos cruce por el camino, pero el camino de la violencia solo contribuirá a aumentar más la violencia en la sociedad. Y si cambiamos plomo por conciencia social, y exigimos al Estado un lugar más digno para vivir. Y si además hacemos lo que debemos hacer como ciudadano. Dejemos de comprar objetos robados, inculquemos la honestidad, desterremos la corrupción y por sobre todas las cosas respetemonos como seres humanos. Meter plomo a los motochorros no es ni será nunca la solución.

Por Tereza Fretes Alonso

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