Reelección y estabilidad

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De forma absolutamente irresponsable y hasta peligrosa, el presidente Horacio Cartes y el expresidente Fernando Lugo vienen promoviendo una absurda teoría que pretende validar la reelección presidencial, recurriendo a la Corte Suprema de Justicia. El sofisma que se utiliza como base de la argumentación es que la Constitución habla de presidente y vicepresidente y que en ningún momento habla de expresidente ni exvicepresidente.
Lo que la Constitución señala en su artículo 229 es que: “El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones, a contar desde el quince de agosto siguiente a las elecciones. No podrán ser reelectos en ningún caso”.
Se sabe que esta disposición fue incorporada por los convencionales constituyentes, teniendo todavía la sombra de la nefasta experiencia de sucesivas reelecciones del dictador Alfredo Stroessner. Connotados constitucionalistas ya explicaron que el espíritu del artículo constitucional se refiere precisamente a cualquiera que haya ocupado el cargo de presidente y vicepresidente de la República, no hace distinción entre los que renunciaron 12 meses antes o hayan sido destituidos por juicio político. Nuestra Constitución es clara, No podrán ser reelectos en ningún caso, no hay más discusión.
Más allá de las discusiones legales y de la facilidad con que en nuestro país se pueden torcer las normas, cuando se tiene dinero y sobre todo cuando los intereses de sectores políticos coinciden, existe otro aspecto que hay que analizar y que deberían tener en cuenta, quienes están promoviendo la teoría de la reelección vía Corte Suprema y es el de la gobernabilidad.
Ni Horacio Cartes ni Fernando Lugo han demostrado ser los mejores presidentes de la República, que hayamos podido tener. En el eventual caso de que pudieran acceder nuevamente a la primera magistratura, qué garantía pueden ofrecer a la sociedad paraguaya de que tendrán la capacidad para una buena gestión. Fernando Lugo no pudo concluir su presidencia por su absoluta inutilidad para administrar conflictos. Alentó la invasión de tierra en el Alto Paraná y llevó al enfrentamiento entre campesinos y policías en Curuguaty, lo que finalmente le costó el juicio político y su destitución.
Horacio Cartes, antes de concluir su tercer año de mandato ya está generando división dentro de su mismo partido y ya ni siquiera tiene mayoría en Diputados, lo cual le tornará más complicado todavía la última parte de su mandato. Si ambos aspirantes a la reelección ni siquiera pueden terminar con tranquilidad su gestión ¿qué sustento tienen de que en el próximo periodo puedan ofrecer estabilidad y tranquilidad a la sociedad paraguaya?
Aquí convendría recordar las palabras el presidente EE.UU., Barack Obama, el 28 de julio del 2015 ante la Unión Africana. En un esclarecedor discurso Obama califica de “líderes fracasados” a aquellos que violan su Constitución para extender su periodo presidencial. “Cuando un líder trata de cambiar las reglas a medio juego sólo para quedarse en el poder, se arriesga a la inestabilidad y a la contienda”. Nuestra sociedad está cansada de la inestabilidad creada para satisfacer intereses personales, razón suficiente para de una buena vez poner fin a la telenovela de la reelección.

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