Aplausos

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Con la tecnología y la globalización se ha puesto muy de moda que las autoridades públicas cuenten con su propia plataforma para informar sobre sus “buenas obras”, buscando en todo momento caer en gracia. También en los actos oficiales parece que siempre hay algún grupo adiestrado para los aplausos y hurras correspondientes. Incluso en la Junta Municipal de Ciudad del Este se ha  vuelto costumbre que un grupo de personas acompañe la sesión, para aplaudir o abuchear a los concejales. Ni qué hablar de las redes sociales, donde personas cegadas por el fanatismo se ponen a felicitar a halagar a las autoridades por cualquier disparate.
Es más, esto no es una práctica común solo entre los seguidores. El jueves pasado, el presidente de Conajzar, Javier Balbuena fue más allá y además de felicitar a la intendente de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías, le entregó un certificado de distinción por cumplir la ley.
Pareciera que estamos tan acostumbrados a que las autoridades hagan mal su trabajo que cuando hacen bien nos sentimos obligados a llenarlos de aplausos, felicitaciones y hasta darle reconocimientos. En algunos casos ni siquiera son merecidos los reconocimientos, como la distinción al fiscal adjunto, Alejo Vera “por su buena gestión”, cuando la ciudadanía es testigo del lamentable desempeño al frente de la institución, o como aquella distinción al entonces jefe de policía de Alto Paraná, Darío Aguayo cuando la ciudad estaba conmocionada por asaltos tras asaltos.
En ninguno de los casos había necesidad. Una cosa es reconocer una buena gestión de alguien que ha hecho algo realmente extraordinario, que va más allá de cumplir meramente su función. Pero otra muy distinta, es cuando apenas y muy apenas están cumpliendo con su deber, con su función para la cual el pueblo les paga.
Es lo mínimo que deben hacer y no hace falta que nos paremos a aplaudirlos y levantarles un monumento. El ciudadano paraguayo se merece recibir una buena respuestas de sus  autoridades y de ser necesario exigir cada día más para que mejoren su trabajo. Es subestimar a la sociedad y a la inteligencia recibir distinciones inmerecidas y aplaudir estupideces.

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