¿Existe vida después de Cartes y Lugo?

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La alianza entre cartistas, llanistas y luguistas trata de instalar la falacia de que el Paraguay solo puede alcanzar el desarrollo económico con el liderazgo de un buen político, entendiendo por buen político, cada uno a su persona. Desde los medios de comunicación comprados por Cartes, nos bombardean con noticias positivas dignas de aquel “país de las maravillas” del ex senador Herminio Cáceres: todo gracias a la virtuosa gestión del presidente (y propietario de los medios de comunicación) Horacio Cartes. El luguismo hace lo propio, pero con menos recursos económicos y comunicacionales, amén de tener mayor caradurez al aliarse una vez más con el sector político a quien acusó de traicionarlo y derrocarlo en un “golpe parlamentario”. Ambos bandos, en tonos diferentes, cantan la misma canción: aquella que nos dice que solamente un líder mesiánico puede llevarnos al progreso.
El debate generado por dicho planteamiento, cae directamente en el campo de los economistas, por lo que nos corresponde preguntarnos: ¿Está supeditado nuestro desarrollo económico a la continuidad de Cartes o la vuelta de Lugo? ¿Es la reelección Cartes o la vuelta de Lugo la clave para el desarrollo económico del Paraguay? La respuesta es un rotundo NO. La ciencia económica demuestra que la clave del desarrollo de los pueblos pasa por la calidad de sus instituciones y el respeto de las autoridades a las reglas de juego. Es decir, Cartes nos quiere llevar hacia la dirección contraria.
Desde el advenimiento de la democracia en Paraguay, nuestro país ha crecido en casi todos los aspectos en relación a la dictadura. En educación, si bien queda pendiente mejorar muchísimo la calidad, se ha aumentado sustancialmente la cobertura de la educación; lo mismo ocurre en el área de la salud. La economía ha logrado despegar y las tasas de crecimiento son motivo de orgullo cada vez que un medio internacional pondera la buena racha económica. En el área de derechos se ha avanzado, no como quisiéramos, pero las libertades civiles sin duda son más fuertes hoy que previo a 1989. Todos estos logros se han conseguido con diferentes presidentes y durante varios gobiernos.
Pese a los avances, ninguno de los ex presidentes se ha destacado como buen gobernante, lo que nos lleva a concluir primeramente que más allá de los hombres que gobiernan, importa el sistema político. En segundo lugar, si ya hemos avanzado sin Cartes, no hay razones para pensar que no lo seguiremos haciendo luego de Cartes. Por último, es oportuno apuntar que, cada gobierno se construye un poco sobre el anterior, lo que permite que la gestión siguiente acostumbre a ser mejor; por esta razón es probable que el sucesor de Cartes tenga más logros de gobierno.
Otro argumento es que un periodo de cinco años no es suficiente y que la posibilidad de reelección alentaría al gobernante a hacer mejor las cosas y a pensar en políticas de largo plazo. La experiencia de reelecciones en el gobierno municipal no apoyan dicha afirmación, sino que más bien la refutan. Los intendentes tienden a gobernar, pensando en la siguiente elección, por lo que diseñan políticas de corto plazo con miras a lograr crédito electoral con el agravante de que a mitad de mandato pierden cualquier tipo de pudor a la hora de utilizar los recursos estatales para ganar las elecciones.
Tanto la teoría económica del desarrollo, como la evidencia empírica, nos dan la certeza de que Cartes, Lugo, ni ningún gobernante en particular, es imprescindible para el país. El desarrollo de una sociedad no depende de líderes mesiánicos sino de instituciones fuertes e inclusivas. No existe economista serio que pueda sostener con argumentos científicos el planteamiento de que la enmienda para permitir la reelección sea por el bien de la economía y del país. La economía nos dice que existe vida después de Cartes y Lugo, y que es probable que sea mejor que la actual; a pesar de que nuestros difuntos firmantes opinen lo contrario.

Por José María Ayala Cambra, economista.

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