Escándalos

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La presencia de un reducido grupo de manifestantes de Ciudad del Este causó revuelo en la capital del país desde que llegaron. Una aparatosidad policial fue desplegada para recibirlos, no se les permitió transitar por ciertas avenidas, los retuvieron, hasta se llegó a desviar el itinerario del colectivo que habían abordado, solo por orden superior de la Policía. Todo el tiempo permanecen rodeados de uniformados y patrulleras.
El que encabeza la movilización es el abogado Paraguayo Cubas, quien denunció que es constantemente perseguido por policías, algunos uniformados y otros de civiles. Incluso, un grupo sospechoso de argentinos se hospedó en el mismo hotel donde están alojadas su hijas y donde él fija domicilio en la capital del país.
El jueves pasado, Cubas se dirigía a una entidad bancaria para solicitar un préstamo y, una vez más fue seguido por desconocidos, los encaró golpeándoles la ventanilla de la camioneta en la que se desplazaban pero huyeron. Luego, fue hasta la Comandancia de Policía, una de las uniformadas no le saludó y con eso inició una serie de fuertes recriminaciones, otro joven con el grado de oficial no quiso identificarse y eso enfureció aun más a Cubas quien comenzó a agredir a todos los uniformados que se les acercaba. Les gritó gordos, inútiles entre otros improperios. En un momento fue rodeado y sujetado por unos uniformados pero no pasó de los forcejeos y siguió con sus ofensas a los uniformados.
Esto generó un, no menos, caldeado debate en las redes sociales, con expresiones a favor y en contra de la actitud que tuvo el profesional del foro. Muchos sostienen que actuó con mucha prepotencia, mientras otros aplauden la osadía de gritar “sus verdades” a los policías. Es cierto que su actitud fue, cuando menos, muy indecorosa. Pero tampoco se debe crucificar muy a la ligera a una persona que estuvo tres meses en la cárcel por manifestarse contra la corrupción, una persona que es acosada todos los días por extraños, uniformados o civiles que lo siguen a todas partes y que incluso tuvieron la osadía de acercarse a sus hijas y esposa. ¿De qué manera debería exigir sus derechos una persona que está en esa situación?, ¿cuál es el protocolo de manifestación que debe seguir?. A estas alturas los comunicados de repudio ni las denuncias formales sirven de muchos porque simplemente nadie le brinda la debida importancia y mucho menos se garantiza una investigación seria.
La actitud de Cubas puede ser reprochable, pero más reprochable es la actitud de una ciudadanía indolente que se escandaliza por unas cuantas palabrotas y no se inmuta antes los abusos que todos los días se cometen contra los niños, contra los trabajadores, contra los ancianos, los campesinos, ante el clamor de víctimas de las injusticias, la corrupción, el robo descarado del dinero público. Ese, probablemente, sea la mayor conquista de la solitaria lucha de Paraguayo Cubas; devolver a la sociedad la posibilidad de escandalizarse.

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