Nos jodemos entre nosotros

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La semana pasada se registraron varias convulsiones sociales en diversos puntos del país, todos con amplias repercusiones en las redes sociales. En Itapúa, un violento contingente de policías redujo a un grupo de ciudadanos que quería evitar el secuestro judicial de granos de soja. Uno de los agentes propinó patadas a un hombre que estaba en el piso, una mujer casi fue ahorcada por una uniformada que la tomó del cuello. En Asunción, el abogado Paraguayo Cubas vociferó a varios uniformados de la Comandancia de Policía, intentaron sacarlo a la fuerza del lugar. Algunos uniformados le miraron de arriba abajo y ni siquiera se molestaron en asistirlo, es más, algunos huían al verlo gritar. Son solo algunos de los hechos más llamativos de los últimos días que desató un amplio debate.
Más allá de quién tiene la razón, más allá de cuestionar una orden judicial o hacerla cumplir, más allá de cuestionar si la forma de protesta es adecuada o no, lo que llama la atención es que en todos los casos, en el campo de batalla, la pelea era pobres contra pobres.
¿Cuál es la necesidad de pisotear a un ciudadano en un procedimiento policial si eran los uniformados superiores en cantidad y en fuerza, si había una orden judicial?. ¿Cuál era el sentido de hacer una patoteada siendo que eso no iba a cambiar nada en ese momento?. Por qué los uniformados que estaban en la comandancia simplemente no le dieron un buen trato a Cubas, quien llegó a hacer su reclamo, una comisaria lo miró de arriba abajo y lo ignoró. Y cuál es la necesidad de que Cubas utilice frases sumamente agresivas y provocativas contra los uniformados, sin saber de sus labores, tal vez el más insultado era uno de los pocos policías decentes del país…
¿Por qué en el campo de batalla, nosotros los ciudadanos nos ponemos a jodernos la existencia unos a otros, si las cosas se definen entre autoridades de alto rango?. Las críticas al final eran todos contra todos y se olvida a los que saquean nuestro país todos los días. Se desvía totalmente nuestra atención y nos dedicamos a jodernos la vida.
Nos jodemos entre nosotros cuando nos atacamos, nos agredimos, nos ofendemos, nos maltratamos, cuando somos indolentes unos con otros, cuando no somos solidarios y no nos damos un trato humano. Pero también nos jodemos entre nosotros cuando nos callamos ante los hechos de corrupción, el robo de los bienes públicos y no apoyamos el reclamo contra la imperante corrupción y la terrible ineficiencia en nuestras instituciones públicas, aspectos que no se pueden negar y nos ubica como vicecampeón en corrupción en América Latina.
Debemos dejar de jodernos entre nosotros y exigir entre todos que se respeten las leyes, que se deje de robar al pueblo y que el Estado nos brinde asistencias dignas. Dejemos de jodernos, de lo contrario vamos a seguir dividiéndonos y peleándonos, mientras a nuestras espaladas se cocinan nuestro presente y nuestro futuro.

Por Tereza Fretes Alonso