Condena a la corrupción

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En el marco del novenario a San Blas, patrono de Ciudad del Este, el obispo auxiliar, Monseñor Pedro Collar, realizó una dura crítica a la corrupción y a la falta de transparencia en el manejo del dinero público. “Lo opuesto a la transparencia es la corrupción. La corrupción es un mal más grande que el pecado. Hagamos lo posible para que las nuevas generaciones sean realmente respetuosas de los bienes destinados al uso común”, expresó.
Es la nueva cara de la Iglesia local, que por fin toca uno de los graves dramas de nuestra sociedad. Es un reclamo de varios sectores de la sociedad, la necesidad de la transparencia en el manejo del dinero de los contribuyentes. Los administradores públicos siguen manejando las instituciones como negocios particulares, amparados en la impunidad y en la protección política, que les permite realizar adjudicaciones irregulares, aprobar obras inservibles y beneficiar a empresas de amigos y familiares.
Nuestra ciudad no puede desprenderse del terrible estigma de la falsificación, la piratería, el contrabando y el narcotráfico. Estos males sembraron sus raíces y se fortalecieron gracias a la corrupción de los funcionarios públicos, sean éstos jueces, fiscales y policías, quienes deberián combatir la ilegalidad y hacer cumplir la ley. Al mismo tiempo, estos males gozan de buena salud por la protección política, de quienes se erigen como grandes líderes regionales y son los que año tras año comparten los primeros lugares en las celebraciones litúrgicas de la iglesia.
Es auspicioso que la Iglesia local comience a hacerse eco de las preocupaciones ciudadanas. Por años, la institución mantuvo un silencio inexplicable sobre los graves males que agobian a la población.
Una nueva conciencia emerge en la ciudad, una nueva ciudadanía que busca participación, que exige espacios y está procurando desterrar a los viejos modelos de negocios y manejos políticos que tanto daño hicieron a la ciudad y a la región. Es la misma ciudadanía que también está comenzando a pedir transparencia y el fin de la corrupción. Es auspicioso cuando los pastores acompañan las transformaciones sociales, porque como iglesia pueden aportar la luz necesaria, para iluminar el camino de su feligresía.

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