El otro Alto Paraná

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El gobierno central y departamental viene promocionando a los cuatro vientos una serie de obras viales que se llevan a cabo en el departamento. Enhorabuena realmente por los emprendimientos que tanta falta hacen a los pobladores del departamento. Desde hace años venimos reclamando la carencia de vías de comunicación en un contrasentido de que siendo el departamento más productivo y que más aporta al producto interno Bruto, el Alto Paraná sea uno de los más relegados, en cuanto a infraestructura y servicios básicos.
Próximamente, varios distritos del departamento estarán interconectados por rutas asfaltadas, lo que significará un enorme salto para el desarrollo de la región. Sin embargo, todavía quedan muchos compatriotas, que no figuran en los planes de las autoridades simplemente porque sus distritos no tienen el caudal electoral suficiente, y por ello no son dignos de recibir las obras pagadas con recursos públicos.
Es el caso de los pobladores de Domingo Martínez de Irala, una de las poblaciones más antiguas del Alto Paraná, que cada vez mas tiene menos habitantes, porque los jóvenes no tienen oportunidades y tienen que emigrar para buscar mejores condiciones de vida. Es más, los pobladores reciben mejor atención cruzando el río, y por ello, la mayoría de los niños ya tienen nacionalidad argentina.
Lo mismo acontece con las comunidades del norte como Mbaracayú, que también sufre la marginación de la falta de caminos, a pesar de la alta productividad de la zona.
Seguimos manejándonos con criterios absolutamente tribales, lamentablemente en nuestro país. Seguimos siendo gobernados por caciques que creen que pueden disponer del dinero público a gusto y paladar como si fuera propiedad particular, para privilegiar a los amigos y correligionarios.
A la parafernalia de los discursos y las propagandas de obras, todavía se contraponen la terrible realidad de miles de pobladores del Alto Paraná que deben caminar kilómetros de tierra roja, para salir y encontrar solución a problemas de salud, porque en sus comunidades no hay hospitales ni medicamentos, compatriotas que todavía cruzan ríos en balsa porque no hay puentes, poblaciones enteras que quedan aisladas con una pequeña lluvia, familias desintegradas por la migración forzada porque no hay oportunidades y paraguayos que tienen que tener doble nacionalidad porque sus autoridades simplemente los ignora. Una terrible realidad, que ninguna propaganda puede tapar.

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