Los paraguayos somos tontos

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El gran problema que lleva al fracaso todas las acciones del gobierno es que parten del presupuesto de que los ciudadanos paraguayos somos tontos. Todas sus acciones y expresiones subestiman la inteligencia y la capacidad de la gente.
El mensaje “que la gente decida” como justificación del atropello constitucional. Con este mensaje nos quieren hacer creer que no lo hacen por ambición, sino “en favor del pueblo” para que “podamos decidir”. Pero cuando los del pueblo salen a manifestarse se convierte automáticamente en vándalos. Es evidente que creen que somos tontos.
Reducir la democracia a un sistema donde la mayoría puede hacer lo que le plazca sin límite alguno; es afirmar que la gente no sabe lo que es la democracia, que no sabe que las democracias modernas son un sistema donde se garantizan una serie de derechos establecidos en el sistema jurídico de la sociedad. Pensaron que podrían engañarnos con esta falacia, es decir, creen que somos tontos.
Afirmar que “existen muchas opiniones contrapuestas” al respecto de la enmienda, a pesar de que la inmensa mayoría de los constituyentes y juristas afirman que es inconstitucional. Le buscan la vuelta a la ley, la trampita, para justificar algo que a todas luces es equivocado. Piensan que los ciudadanos no somos capaces de interpretar la Constitución y que no podemos juzgar lo que está bien o está mal, que somos tontos.
El relato de que quienes se manifestaron eran personas manipuladas por la prensa y los opositores es afirmar que la gente no puede pensar por sí misma y que se deja manipular por periodistas; es decir, que somos tontos.
El intento desvergonzado y torpe del gobierno de encubrir a los mandos policiales en su responsabilidad por la muerte de Rodrigo Quintana. Historias y explicaciones delirantes que ofenden de tan absurdas que son, evidentemente creen que somos tontos.
No hablemos del “Superviaducto” inaugurado en un acto simultáneo a la quema del Congreso. Mientras el país se incendiaba, los discursos describían un país de maravillas. Un discurso desconectado de la realidad que tácitamente afirma que los ciudadanos no somos capaces de juzgar la realidad que vivimos y sufrimos a diario, es decir, que somos tontos.
Nos subestiman constantemente, por ello, constantemente se equivocan y fracasan en sus intenciones. Parten del supuesto de que el pueblo es ignorante y va a tragarse todas las mentiras; sin embargo, omiten en sus cálculos que la sociedad ha cambiado profundamente. Mientras nos sigan subestimando, seguirán fracasando. Espero que en algún momento se den cuenta por fin que los tontos son ellos.

Por José María Ayala Cambra

ayalacambra@gmail.com