La ciudadanía no permitirá violación de la Constitución

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El presidente Horacio Cartes anunció ayer que desiste de sus intenciones de postularse para una reelección en el 2018. La reacción de la ciudadanía no se hizo esperar y se pudo percibir el absoluto descreimiento en que ha caído el presidente ante la sociedad. Le sucedió lo del pastorcillo mentiroso, ya que tantas veces declaró que no tenía intenciones reeleccionarias, mientras sus principales referentes impulsaban a tambor batiente la violación de la Constitución Nacional para instalar la enmienda.
Nadie sabe a ciencia cierta las causas que impulsaron al presidente a tomar la determinación. Muchos celebran porque trae un poco de tranquilidad al ambiente político y puede abrir el camino para reencauzar la institucionalidad de la república, resquebrajada con la Constitución de un senado paralelo y la profunda fragmentación en la sociedad paraguaya. El daño ya está hecho. Hay una sociedad dividida, un Congreso que no puede operar normalmente y un compatriota joven asesinado por la policía.
Lo positivo de todo esto es la madurez que viene demostrando la ciudadanía movilizada, que pese a que el presidente anunció que desiste de candidatarse a la reelección, sigue en las calles, exigiendo el retiro del proyecto de enmienda aprobado por un grupo de senadores cartistas. La clase política tiene que entender que la tecnología ha contribuido enormemente a fortalecer la democracia y los mecanismos de participación ciudadana. Hoy, la gran mayoría de los paraguayos cuenta con un celular y se informa, debate y participa por medio de las redes sociales. Eso se puede ver en todo el país, donde a diario en cada pueblo hay movilizaciones espontáneas de ciudadanos que se convocan vía redes sociales y salen a la calle.
Corresponde pues, ahora a la clase política, tomar el mensaje que le está pasando el electorado y procurar volver a reencauzar la nación por el camino de la institucionalidad. Una enmienda constitucional a los apurones, concebidos en una sesión irregular e ilegal, no contribuirá de ninguna manera al fortalecimiento de la democracia ni a la modernización del Estado, como de forma falaz algunos oficialistas quieren hacer entender.
Se debe modernizar el Estado y se puede incorporar la figura de la reelección, pero mediante una reforma constitucional que contemple la modificación de varias instituciones incorporadas a la Carta Magna de 1992 y que ahora están demostrando que son inservibles, no representan a nadie y en otros casos, inclusive, constituyen un peligro para la democracia. Ahora es el momento, de la madurez y de las negociaciones, con vista a un nuevo modelo de sociedad. Es lo que la ciudadanía que salió a la calle está esperando de sus dirigentes.

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