Ciudad secuestrada

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Como una pesadilla, un grupo de delincuentes, no sabe a ciencia cierta cuántos, secuestró Ciudad del Este, la capital del Alto Paraná y una de las de mayor movimiento económico de la república. Durante más de dos horas, los bandidos aterrorizaron a la población, incendiando vehículos, asaltando a ciudadanos en las calles, asesinaron a sangre fría a un policía, detonaron explosivos y desvalijaron la bóveda de la empresa transportadora de caudales Prosegur.
El atraco dejó en evidencia la más absoluta orfandad de los habitantes de la república del Paraguay con un Estado absolutamente inservible. Los pobladores de Ciudad del Este estuvieron a merced de un grupo de delincuentes, sin que opere ninguna de las instituciones responsables de brindar garantías y seguridad a la población. Solo unos pocos agentes, con sus vergonzosos pertrechos salieron en una tímida persecución de los delincuentes.
Doce horas después del atraco, la policía ni el Ministerio Público todavía no tenían siquiera idea de lo que pasó para poner más en evidencia la absoluta inutilidad de las autoridades responsables de la seguridad interna. En horas de la tarde, efectivos de la policía del Brasil se enfrentaron con los delincuentes dejando un saldo de tres bandidos muertos y dos detenidos. Ya para las cuatro de la tarde, la policía Federal convocaba a una conferencia de prensa informando del resultado de los operativos. Es lo que acontece en un estado serio.
Para completar la patética muestra de inutilidad y desconexión de la realidad de nuestras autoridades aparecen brindando declaraciones absolutamente descabelladas, como el gobernador Justo Zacarías, máxima autoridad del departamento, quien salió a decir que los delincuentes fueron repelidos y que no se llevaron nada.
Hace años que el crimen organizado se arraigó en nuestro país, con la anuencia y protección de los poderosos de la frontera. La policía lamentablemente está más preocupada en las recaudaciones irregulares y, en muchos casos, en la protección de delincuentes. Lo acontecido en la madrugada de ayer debe ser un llamado de atención para la ciudadanía para exigir cambios profundos en la ciudad, donde las autoridades, antes que combatir la ilegalidad y el crimen, se convierten en engranajes de la rosca, dejando a la población en la más absoluta indefensión.

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