Ultraje de la ciudad

Ciudad del Este todavía no se recupera del ultraje que sufrió en la madrugada del lunes pasado, cuando criminales con armas de guerra tomaron la ciudad, incendiaron autos y robaron un millonario botín. Varias imágenes confirmaron que los delincuentes se pasearon como Juan por su casa, sin apuros ni sobresaltos, operaron tranquilamente, se tomaron su tiempo para todo, como si tuvieran la certeza de que la Policía no sería problema alguno. Salieron de la ciudad como si nada, sin que se los haya molestado en lo absoluto.
Ni las fuerzas de seguridad interna ni las autoridades locales hicieron algún intento para defender a los 300.000 habitantes. Los uniformados se escondieron de los delincuentes, cuando lo que tenían que hacer es buscar la manera, la estrategia de contraataque o, al menos, hacer algún intento mínimo de resguardar a la población. Casi mil pedidos de auxilio registró el sistema 911 pero nadie dio respuesta a esos desesperados llamados ¿por qué?, porque el propio jefe de policía pidió a sus subalternos que no salgan a las calles.
La policía durante años fue elemento de los delincuentes en el Alto Paraná y eso nunca se revirtió. Los poderosos de la región siguen utilizando a la policía como guardias privados y los jefes y subalternos se enriquecen con estas prácticas. Conocidas autoridades con sendos cuestionamientos por haber dilapidados instituciones públicas siguen teniendo toda una dotación de policías a su cargo. Ninguno de estos sinvergüenzas quieren que las cosas cambien, porque mientras la gente común está aterrorizada, ellos están tranquilos con su resguardo policial.
Es el momento de que la ciudadanía abandonada y ultrajada salga a las calles para exigir cambios profundos en la ciudad. Si no exigen esos cambios, este tipo de atentado contra la población volverá a repetirse, con consecuencias aún peores.

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