Desamparados

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Ninguna autoridad local se pronunció sobre el gravísimo ataque a la ciudad, acaecido el pasado fin de semana, cuando un grupo de delincuentes cerró varias calles con vehículos incendiados, instaló tiradores en las calles y destruyó con bombas la bóveda de la empresa Prosegur, para robar más de 11 millones de dólares, según los datos oficiales. Fue uno de los mayores atracos registrados en la historia del país y todos los indicios apuntan a que hubo complicidad de la Policía.
Los habitantes de Ciudad del Este vivieron dos horas y media de terror. Casi 1.000 pedidos de auxilio recibió el sistema de 911 de la policía, de ciudadanos que clamaban desesperadamente amparo de las autoridades. Vergonzosamente, los efectivos de la policía estaban escondidos, no salieron a defender a la ciudadanía y lo reconocieron con total desparpajo, argumentando la supuesta superioridad de los delincuentes y la falta de armamentos.
De ser cierta la versión de la falta de armamentos, algún representante del gobierno tiene que dar la cara. ¡No puede ser que una de las ciudades más importantes de la República esté absolutamente indefensa! Aquí existen dos unidades militares. Uno en la cabecera del Puente de la Amistad, donde están instalados los efectivos de la Base Naval, cuyo único objetivo es la coima con los contrabandistas, porque el resguardo de la frontera, en manos de estos ineptos es un chiste. En el kilómetro 8 se encuentra la III División de Infantería, que nadie sabe qué hace, porque ni siquiera los alrededores de su cuartel limpian.
El Parlamento Nacional había autorizado al presidente Horacio Cartes disponer el uso de los militares para la seguridad interna. De modo que dos horas y media fue tiempo más que suficiente para solicitar apoyo a los militares. Pero está visto que no hubo intención de perseguir a los criminales. Periodistas de nuestro medio comprobaron que en la noche del atraco, los policías se encargaban de cerrar el tránsito resguardando los alrededores de la empresa asaltada. Los delincuentes ingresaron tranquilamente a la ciudad, incendiaron 15 vehículos en diferentes puntos, colocaron francotiradores en las calles, detonaron seis bombas para romper la bóveda y no hubo ni un asaltante herido.
Lo más lamentable es que después de este ultraje de los habitantes de Ciudad del Este, no apareció ningún referente local exigiendo mayor seguridad para la población. Y peor aún, la misma ciudadanía tampoco exigió a sus autoridades respuestas sobre este atraco. Para completar este patético panorama de entrega, corrupción, complicidad y negligencia, las supuestas investigaciones que desarrollan la Policía y la Fiscalía se convierten en una triste tragicomedia de errores, descoordinación e inclusive, enfrentamiento entre “los investigadores”. Ocho días después del atraco, en el lado paraguayo los investigadores no tienen nada. No tienen resultado y solo dan un triste espectáculo de chambonadas y mediocridad. Los esteños están absolutamente indefensos y desamparados. Lamentable.

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