Democracia de la billetera

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Dos proyectos que podrían haber ayudado a mejorar un poco el sistema democrático en nuestro país fueron postergados una vez más en la Cámara de Diputados. La ley de desbloqueo de la lista sábana y de financiamiento político, pasaron al archivo, luego de seis años de espera. Esto significa que no serán aplicables para las elecciones del 2018, lo que significa que en el próximo periodo seguiremos contando con mafiosos y representantes de mafiosos en el Congreso, en las juntas departamentales y en las gobernaciones.
Así en cada periodo de gobierno, los partidos políticos buscan un carilindo, algún fantoche con buena imagen, que encabece las listas, para detrás incorporar a los impresentables, analfabetos funcionales o representantes de narcotraficantes, cuando no, directamente traficantes. Las elecciones seguirán siendo financiadas con el dinero sucio del narcotráfico, del lavado y otras actividades ilícitas. Con eso, las bandas de delincuentes que operan en diferentes niveles seguirán asegurando su impunidad, gracias a la protección política, porque serán estos representantes quienes nombrarán fiscales, el Jurado de Enjuiciamiento y hasta a miembros de la Corte Suprema de Justicia.
Los delincuentes y sinvergüenzas podrán seguir comprando bancas en el Parlamento, como lo han venido haciendo históricamente. Por ello, la clase política está, cada vez más, absolutamente desprestigiada. Los dos partidos tradicionales en las dos últimas elecciones debieron recurrir a forasteros de la política para presentarse a las elecciones, porque en sus filas no tienen un solo político creíble o que no tenga algún cuestionamiento.
Trabajar en política, lejos de ponerse al servicio de los necesitados y buscar el bienestar de la población, se ha convertido en una transacción comercial, donde los inescrupulosos aseguran un cargo para comerciar luego con sus votos. Fuimos testigos de esta grosera compra-venta de diputados y senadores, durante la campaña para imponer la enmienda constitucional para la reelección. Así tenemos en nuestro país a los nuevos magnates, que amasan dudosas fortunas gracias al tráfico de influencias, al tráfico de votos y otros tantos negocios ilícitos que se perpetran con total tranquilidad e impunidad, porque la política se ha convertido en un “club de amigos”, donde todos participan, en alguna medida, de este grosero festival de la corrupción.
El pueblo acudirá a las elecciones para votar pero no para elegir y con sus votos, otra vez, legalizará la instalación de la delincuencia en el poder. Es la más terrible y vergonzosa prostitución de la democracia. Está instalada la convicción de que ganará las elecciones quien tenga más dinero sucio en su billetera.

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