Los cobradores de Inverfin

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Los audios de los cobradores de Inverfin, quienes utilizan una técnica de cuasi tortura y amenaza vía comunicación telefónica para cobrar los préstamos, se hicieron virales en estos días. Como estamos acostumbrados, llovieron los memes en las redes sociales sobre la peculiar estrategia para recuperar los préstamos otorgados por esta firma. La empresa no se hizo cargo y despidió a la protagonista, aunque reconocieron que era una de las mejores trabajadoras de la firma.
Más allá de lo jocoso que puede resultar, lo que realmente debería de llamarnos la atención es el maltrato a los clientes al que estamos tan acostumbrados. Parece que todavía no aprendimos a exigir y mucho menos a dar un trato cordial, humano y digno. Sobre todo en Ciudad del Este, el trato al cliente es una materia pendiente con mucho trabajo por hacerse, aunque no forme parte de los temas principales de la agenda social. Cuando uno se acerca a alguna tienda, pareciera que le estás pidiendo un gran favor de venderte su producto, cuando que les estás llevando dinero, que luego se convertirá en su sueldo. Lo mínimo que uno espera es que demuestren una predisposición de ayudarte a encontrar lo que estás buscando. Eso se replica en los hospitales, tanto públicos como privados, instituciones educativas, transportes públicos, entre otros servicios que todos los días debemos utilizar.
Falta calor humano al trato que nos damos unos a otros. Debemos ponernos en el lugar de la otra persona y tratar de entender por un segundo su necesidad, su inquietud, su petición y los motivos que lo obligan a acudir a hacer una compra, a tomar un bus, a hacer un trámite o ir al hospital. Con una cara larga, con una indiferencia, y trato tosco, estamos transmitiendo el mismo mensaje que la cobradora, quien lo expresó en forma literal: “No me interesa”. Debemos recuperar el interés el uno por el otro, no solo dando un trato adecuado a las personas que acuden a nosotros desde el lugar donde estamos. Tal vez sea un primer paso para desterrar tanta indiferencia en este país donde se ha perdido en gran medida la solidaridad con los que son víctimas de injusticias. Ya nadie se inmuta ante los abusos y los atropellos que sufren los compatriotas, hasta que le toque a uno.
Hagamos algo provechoso de este lamentable episodio. Reflexionemos si estamos actuando o no igual que los protagonistas de los memes virales de estos días. Un buen trato puede hacer una gran diferencia.

Por Tereza Fretes Alonso

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