Moverse en silla de ruedas por la ciudad

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Imaginemos a una persona con discapacidad motriz, es decir, que no puede caminar, que tiene plenas facultades mentales e intelectuales. Si el lector quiere, puede imaginarse a una persona con algún tipo de discapacidad distinta, como ser visual o auditiva. Preguntémonos: ¿tiene esta persona derecho a formarse académicamente en el área que su vocación le indique? ¿Tiene derecho a ejercer la profesión una vez culminada su carrera universitaria? ¿Tiene derecho a tener una vida social, económica, política, cultural?
Probablemente exista un consenso acerca de que estas personas SÍ tienen derecho a tener una vida plena. De hecho, existen acuerdos internacionales suscritos por nuestro país, y más concretamente leyes específicas que formalizan por escrito estos derechos.
Si la persona no puede salir de su casa para ir a las instituciones educativas o al trabajo, es poco probable que pueda desarrollar una vida plena. Las ciudades deben tener la infraestructura física adecuada para que las personas con discapacidad puedan moverse libremente y valerse por sus propios medios dentro de sus posibilidades. ¿Cómo creen ustedes que están nuestras calles y plazas en ese aspecto?
La ley establece también que todas las instalaciones o edificios sociales, de propiedad pública o privada, deben ajustar sus instalaciones a las normas técnicas que garanticen la inclusión. En caso de que existan edificios que no cumplen la norma, cualquier ciudadano puede realizar su denuncia a la Municipalidad correspondiente, la cual se encarga de establecer las multas y sanciones para los infractores. Pero, ¿Cómo creen que están las instalaciones de los municipios del país? ¿Cumplen la norma quienes deben exigir su cumplimiento? Mejor no preguntemos sobre cómo están los colegios y hospitales.
Hace unos días, una amiga con discapacidad motriz me desafió a andar por las calles de la ciudad con una silla de ruedas. Acepté el desafío e hice un video en el cual intenté desplazarme por diversos puntos de la ciudad, incluida la municipalidad, sentado en una silla de ruedas. El resultado: es imposible moverse por la ciudad en una silla de ruedas. Nuestras ciudades no son ni remotamente inclusivas.
Ante esta situación, podemos como siempre apuntar el dedo índice hacia la clase política y condenarlos como culpables; pero si bien los políticos tienen mucha responsabilidad, no tienen toda la culpa. Mientras transité pude encontrar que la gente estaciona bloqueando las pocas rampas que existen, que los edificios privados no cumplen con la norma, y que no existe ninguna conciencia ni preocupación por el tema. Sencillamente nunca pensamos en ellos porque no los vemos y eso nos da la falsa sensación de que no existen; pero en realidad existen y son muchos, no los vemos porque los excluimos.
Debemos reconocer que tenemos una gran deuda con las personas con discapacidad y esta deuda no se paga solo desde la clase política, sino que requiere un acuerdo social amplio. Soy consciente de que no podemos resolver todos los problemas a corto plazo, pero tengo la firme convicción de que si nos ponemos de acuerdo podemos ir resolviendo una pequeña parte del problema a la vez, una cuadra tras otra, una plaza tras otras.
Hoy es un buen día para comenzar a pagar nuestra deuda con las personas con discapacidad. Existen diversas instituciones que trabajan para que las personas con discapacidad puedan desarrollar una vida acorde a la dignidad que se merece toda persona. Así también, debemos exigir a nuestras autoridades políticas, pues estas actúan en función de las demandas que les hace la sociedad. Finalmente, tenemos la responsabilidad como ciudadanos de respetar a las personas con discapacidad, actuando y fomentando acciones en función de la inclusión de las mismas en todos los aspectos de la vida.

José Ayala Cambra

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