Yo soy Pedro

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Cuando una comitiva fiscal policial irrumpió en la vivienda de Pedro Espinoza y Dora Meza, el 02 de diciembre del 2016 para decomisar varios panes de marihuana podrida del fondo de su casa, la información pasó como un caso más. A pesar de que llamaba mucho la atención de que además había panfletos del EPP y los protagonistas eran conocidos en el ámbito universitario. Ya en ese entonces, los procesados advirtieron: nos plantaron la droga. Tuvieron que hacer investigaciones paralelas a las del Ministerio Público, sus familiares y amigos hicieron manifestaciones y lograron el pronunciamiento de varias instituciones, ante la seria sospecha de que se les plantó la evidencia.
Meses después, la investigación del Ministerio Público les dio la razón. La conclusión del fiscal Manuel Rojas fue contundente: “No es posible sostener con un grado de certeza mínimamente aceptable de que los imputados hayan ejercido la posesión y dominio sobre los paquetes de marihuana encontrados en el inmueble habitado por los mismos”. El agente detalló, además, que se sometieron a peritaje los celulares y una computadora de los procesados, no se encontraron ningún tipo de conversaciones en código o comercialización de droga. Tampoco el perfil y en nivel de vida de los procesados hacen suponer de que sean traficantes. Pedro es periodista y docente universitario y Dora es ama de casa. Con estos argumentos, el fiscal pidió que se los desvincule totalmente del proceso.
El allanamiento se hizo única y exclusivamente en base a datos proveídos supuestamente por un informante de que había droga en la casa. El único que manejaba la información era el comisario Hugo Ruiz, quien dijo que recibió el dato de su superior y pidió el allanamiento. El mandamiento judicial para la inspección de la casa se obtuvo el 30 de noviembre pero se ejecutó recién el 02 de diciembre, horas después de que Dora haya llegado a la casa. Esto hace sospechar que el objetivo principal era la detención de ambos.
No estamos dimensionando la gravedad de este caso. Las evidencias dan cuenta de que efectivamente se plantó la droga para meter presas a dos personas, quienes desde hace seis meses están en la cárcel. Imagínense, mañana cualquiera de nosotros puede amanecer con un paquete de droga bajo su cama, ligar unos años de cárcel, el mote de traficante, perder su trabajo y su familia y, en consecuencia, arruinarse la vida.
Andamos por la vida pensando que nunca nos va a tocar, hasta que nos toca o le toca a alguien cercano. Tenemos impregnada la idea de que somos seres separados unos de otros, que cada quien hace su camino y su destino, sin importar lo que le pasa al otro. Sin embargo, historias como estas nos demuestran que necesitamos ponernos en el lugar del otro, por un momento sentir lo que está padeciendo, mirar si algún prójimo está pasando por una injusticia porque el próximo Pedro podés ser vos, puedo ser yo. Debemos exigir que las injusticias de la que somos espectadores sean corregidas y saber quiénes son los propiciadores de esta patraña y sobre todo, qué motivaciones tuvieron.

Por Tereza Fretes Alonso

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