Perverso juego político

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La Cámara de Senadores aprobó ayer en general el proyecto de Ley que crea el impuesto a la exportación de la soja. El proyecto original había sido presentado por el Frente Guasu de Fernando Lugo, fruto del pacto entre el cartismo, el luguismo y el llanismo del Partido Liberal. En el marco de aquel pacto, Cartes había logrado quedarse con el dominio del Consejo de la Magistratura y del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Continuando con el espectáculo cuasi circense que viene desarrollándose de la mano del presidente de la República, ayer los senadores dieron curso al pedido y luego se levantó la sesión impidiendo el tratamiento en particular de la controvertida ley.
Los productores agrícolas preocupados por la posible aprobación del impuesto movilizaron sus tractores y salieron a las rutas expresando su disconformidad y para que sus reclamos sean escuchados. Con la postergación del tratamiento en particular lo que se logra es prolongar la agonía de los trabajadores del campo, quienes ahora estarán pendientes nuevamente de las componendas políticas para ver en qué termina esta novela.
Mientras tanto, con esta jugada el Frente Guasu de Fernando Lugo, logró conseguir un oxígeno político, para sobrevivir luego de su penosa actuación en la defensa de la reelección, que estuvo a punto de determinar la muerte del equipo liderado por el exobispo. El impuesto a la soja fue el gran anzuelo para retomar el romance con la izquierda paraguaya, que prontamente olvidó las desvergonzadas actuaciones de los dirigentes del Frente Guasu en el Congreso en la defensa de la violación de la Constitución.
La izquierda paraguaya logra así imponer lo que desde hace tiempo viene tratando de instalar, el enfrentamiento entre el rico sojero y el pobre campesino, los supuestos discursos conservacionistas y la supuesta contaminación, inclusive se reflota una lamentable xenofobia para estigmatizar a los productores presentándolos como extranjeros con el peyorativo término “brasiguayos”. Es un discurso absolutamente superficial, irracional y arcaico.
Lo preocupante en todo este tema es que, tanto productores y la ciudadanía en general, están siendo víctimas de un perverso juego político, fruto de una componenda que responde a intereses particulares de una reducida claque, que gracias a su poder económico y la corruptela política, viene pudriendo y contaminando peligrosamente todas las instituciones de la República, y los pequeños grandes logros que la ciudadanía conquistó con el advenimiento de la democracia.
El impuesto a la soja es una farsa montada por Horacio Cartes, Fernando Lugo y Blas Llano. En el tablero de esta jugada perversa, los productores se desgastan y pierden tiempo saliendo a las calles, y la ciudadanía debe soportar los contratiempos y malos ratos de cierres de rutas, enfrentamientos y discusiones, mientras ellos se divierten mirando cómo la sociedad baila al ritmo del corso que han creado. Lamentable.

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