Ventaja indebida

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El juez de Curitiba, Brasil condenó nada menos que al ex presidente de este país, Luiz Inácio Lula da Silva a nueve años de prisión por corrupción. Según la investigación el ex jefe de Estado aceptó US$ 1,1 millones en coima y tuvo un papel importante en el esquema criminal que involucra a la firma Petrobas en uno de los más grandes escándalos de corrupción en el país vecino.
Según el juez Moro, Lula da Silva recibió una ventaja indebida, al aceptar un triplex y las reformas del edificio como coima. Además se le condenó por ocultar y disimular la titularidad del apartamento, hecho que fue considerado lavado de dinero. Lógicamente, el ahora condenado niega las acusaciones y afirma que se trata de una persecución política. Sin embargo, cuando se inició la investigación la sucesora y aliada de Lula, Dilma Rousseff estaba en el mandato. Es poco probable que un juez del interior de Brasil se preste a una cosa semejante y contra los que están en el poder, solo para prestarse a la persecución de quienes en ese momento tenían el poder.
Deteniéndonos en la parte resolutiva de la sentencia condenatoria de Moro, se resalta la frase “ventaja indebida” del político para enriquecerse. Esto me hizo pensar en todas los casos con fuertes sospechas de ventajas indebidas que sacan nuestros políticos locales, quienes precisamente ahora se codean para volver o mantenerse en sus cargos.
Es ventaja indebida entregar meriendas en mal estado, incomible a los niños, cuando se adjudican millonarios montos, es ventaja indebida construir asaltados que se deterioran en cuestión de meses con costos siderales, es ventaja indebida llenar las instituciones públicas de familiares y amigos con altos salarios, en detrimento de personas capaces que merecen dichos cargos, es ventaja indebida cobrar millonarios montos en concepto de horas extras cuando ni siquiera se acude a trabajar. La lista es infinita y en contrapartida no hay ningún condenado por estas ventajas indebidas que recibieron y siguen recibiendo.
La actuación del juez Moro es muy ejemplificador, porque la justicia cumplió su cometido sin reparar de quién era el que estaba sentado en el banquillo de los acusados. Además de Lula Da Silva fueron condenados otros parlamentarios y millonarios empresarios. En este caso se explica porqué Astrea lleva los ojos vendados, porque la Justicia no tiene mirada, no tiene reparo de quién es el acusado sino se limita a los hechos y a la vinculación de este hecho a un responsable. Esto es lo que se refleja en la sentencia del juez Moro y lo que tanta falta hace en nuestro país. Que los jueces y fiscales no se detengan cuando se dan cuenta que los procesados son poderosos políticos de turnos.

Por Tereza Fretes Alonso

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