En la piel del “delincuente”

1116

El incendio en el correccional de menores de Ciudad del Este causó más debate sobre los perfiles de los adolescentes albergados en el lugar que sobre el trasfondo u origen del conflicto que desencadenó la medida de fuerza. Los internos decidieron quemar colchones para repudiar el traslado de sus compañeros.
En las redes sociales, las discusiones se centraban sobre el “tipo de persona” que estaban en el lugar. Uno murió, cuatro siguen en terapia y otros diez sufrieron quemaduras graves. Esto para muchos fue el “castigo perfecto” porque se portaron mal.
“No hay mucho que lamentar, me alegro cuando esas cosas le pasan a un delincuente (…). Si realmente ese fue un marginal, entonces es un peso menos para la sociedad”; “Ellos son delincuentes porque ya crecieron con esa mentalidad, no quieren estudiar ni trabajar, lo mejor es cortarlos de raíz (…), ni que sobren puestos de trabajos ellos no van a cambiar”; “El que ‘defiende’ a delincuentes es porque el mismo lo es, tiene familiares delincuentes o quizás nunca tuvo la mala suerte de cruzarse con uno”; “Ojalá se mueran todos, ellos no tienen compasión de nosotros al momento de robarnos”; “Escorias de la sociedad un delincuente o asesino lo que sea merece todas estas cosas”, fueron algunas de las expresiones en las redes.
Es comprensible que siendo víctima de asalto u otro ilícito uno quede con un sentimiento tal contra los “delincuentes”. Sin embargo, nadie se pone en la piel de la otra persona y simplemente los sataniza. Ese mismo adolescente podría ser tu sobrino, tu hijo, algún primo o el hijo de algún amigo. Nadie está exento de caer en malos pasos, algunos por liga, falta de oportunidades, por su ambiente o cualquier otro motivo. Nada justifica la delincuencia, ni mucho menos pero cualquiera está expuesto a cometer algún error o de tomar un mal camino. Imagínese que uno de esos adolescentes que ardió en las llamas sea alguien cercano, que cayó en algún vicio y terminó en malos pasos. Nadie nace delincuente, ni sabiendo todo, lo aprende al paso de su crecimiento y es fruto de todo lo que adquirió de su entorno. Para la gente su solo encierro no es castigo suficiente con todo lo que eso implica.
Si tuviéramos padres más responsables y un Estado que cuida y protege a su niñez y a sus jóvenes, no tendríamos tantos “delincuentes”. Eso me hizo pensar la frase que estaba en la pared de uno de los pabellones donde los chicos ardieron en llamas: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.

Comments

Comentarios desde Facebook

Lectores de Vanguardia

Invitación a Grupos de WhatsApp