Ganancia del fracaso

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A más de dos años de la encarnizada pelea entre la intendente de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías, y los concejales de la multibancada de la oposición, llegamos a una instancia de hartazgo. La confrontación duró demasiado y la gente ya no quiere saber nada. Los motivos son los que menos les importa a la gente (aunque debería), pues lo que se quiere es ver resultados. A la ciudadanía le urge mejorar cuestiones históricamente postergadas como el pésimo servicio de transporte público, la precariedad en educación y en salud, el incumplimiento a la Ley de transparencia, entre otros en la larga lista.

Hasta ahora estas confrontaciones parecen mayormente estériles, sin resultados y no nos llevó a ningún lado. Sin embargo, hay aspectos sumamente positivos que no podemos pasar por alto. El hecho de que, por ejemplo, ahora la intendente se digne en informar de su ausencia, antes de esfumarse de la ciudad, es algo positivo. Se debe dar cumplimento a las normas que le exigen dar cuenta de sus ausencias, a pesar de que todas las veces su alejamiento pasó totalmente desapercibido, nadie siquiera nota que no está en la ciudad. Solo se supo de sus viajes, las veces que un activista social acude a su despacho para dejar en evidencia que nunca está. El hecho de que haya aprendido la lección de que por respeto y por ley debe comunicar su ausencia es un paso trascendental en la construcción de una sociedad un poco más seria y hacia la institucionalidad. Quién sabe y algún día también se convence de cumplir la Ley de acceso a la información pública.
Del otro lado pasa lo mismo. Las sesiones de la Junta siempre se caracterizaron por su informalidad, poca seriedad e improductividad, en el periodo anterior. En todos esos años que los Zacarías tuvieron la mayoría, las aprobaciones se hacían entre cuatro paredes o por debajo de la mesa. Resulta simpático que ahora el mismo grupo exija que se cumplan algunos aspectos formales. Nadie le cree a Alejandro Zacarías de su discurso legalista y formalista al exigir que se cumpla a rajatabla el reglamento interno de la Junta. Lo hace para fastidiar, por atacar y por sobre todo, por obedecer su parentela de hacer frente a los opositores.
Por lo que sea, está bien que ahora se cumplan con las exigencias formales. El hecho de que nunca antes se haya cumplido no quiere decir que esté bien. Lo cierto es que ahora se respetan muchas exigencias, y en todo eso sale ganando la ciudadanía. Tanto el encarrilamiento de la intendente a la hora de pedir permiso, como el hecho de que los concejales respeten sus reglamento internos, son logros dentro de un fracasado periodo de gestión. Esperaremos que sigan dándose milagros.

Por Tereza Fretes Alonso

terezafretes@diariovanguardia.com.py

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