Violadores que piden confianza

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Indignados por la grosera polución visual de la propaganda electoral para las últimas elecciones municipales, un grupo de jóvenes de Ciudad del Este había salido a las calles para desmontar los pasacalles y otros elementos propagandísticos que inundaban la ciudad, mucho antes del periodo habilitado por el Código Electoral. En aquella oportunidad, muchos de los dirigentes reaccionaron amenazando con demandas a los propulsores de la iniciativa, uno de ellos es quien en aquel entonces fungía de asesor jurídico de la municipalidad de Ciudad del Este y hoy candidato a diputado, el abogado Braulio Duarte. Contrariamente a lo que esperaron los detractores de los jóvenes, la práctica se expandió a diferentes puntos del país, llegando inclusive a la capital, donde cientos salieron a las calles para desmontar los carteles propagandísticos, instalados a destiempo y en espacios públicos.
En teoría, los políticos desean acceder a los cargos electivos, para administrar los bienes públicos para un mejor servicio a la ciudadanía. Se supone entonces que para ser un buen administrador y custodio de la cosa pública, los aspirantes tienen que demostrar al electorado un respeto a las leyes y a la Constitución. Por ello, los aspirantes a cargos electivos tienen que ser los primeros en demostrar un absoluto respeto a las normativas que rigen en nuestra sociedad. Si antes de acceder a los cargos, ya comienzan violando leyes, una vez que la ciudadanía les conceda el poder serán capaces de perpetrar mayores aberraciones. Como, de hecho, lo demuestran a diario nuestros políticos.
En víspera de las internas de los partidos para las elecciones del 2018, nuevamente somos testigos de cómo los delincuentes que se hacen llamar políticos vienen violando las leyes, realizando propaganda electoral, algunos de manera solapada y otros de manera abierta y grosera.
Son absolutamente plausibles las iniciativas de los ciudadanos que tienen el coraje de salir a las calles para desmontar la insultante propaganda política, de personeros que no tienen ningún escrúpulo de violar las leyes y que todavía tienen la caradurez de pedirle a la ciudadanía que deposite en ellos su confianza, otorgándoles sus votos.
Hay que desenmascarar a los violadores de las leyes y castigarlos con los votos. La ciudadanía merece respeto. Al menos los zánganos, que aspiran a vivir de nuestros impuestos durante los próximos cinco años, deberían de tener la delicadeza de disimular un mínimo de respeto a las leyes y a los votantes.

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