La ciudad que maltrata a sus visitantes

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El esquema del embotellamiento provocado, que involucra a Policías Municipales y los mal llamados “Guías de turismo”, de la Municipalidad de Ciudad del Este, es una mafia que tiene como principales víctimas a los turistas que visitan la capital del Alto Paraná. Esto demuestran las publicaciones que revelan la estructura corrupta que deja una pésima imagen de la ciudad.
El microcentro de Ciudad del Este tiene como principal fuente de ingreso el turismo de compras, que se nutre con la llegada de visitantes, en su mayor parte extranjeros. Sin embargo, como ninguna otra ciudad “turística”, la capital del Alto Paraná, sus principales beneficiarios (los comerciantes) y las autoridades se empecinan en el maltrato a los visitantes. Debe ser la única ciudad “turística” del mundo donde se estafa y se extorsiona a los visitantes y todo esto es propiciado y apañado por las mismas autoridades y los comerciantes.
Al retornar del Brasil, los compatriotas que vacacionan en el vecino país, ya pueden encontrarse con unos jóvenes correctamente identificados, quienes educadamente hacen una encuesta a los turistas sobre su experiencia y los aspectos que se tienen que mejorar para el turismo en Brasil. En todas las ciudades turísticas del mundo, los visitantes son atendidos con cordialidad, amabilidad y decencia, de modo a que se lleven una buena imagen y quieran regresar. Ocurre todo lo contrario en Ciudad del Este.
En las últimas semanas saltaron pública y masivamente las denuncias sobre el referido esquema delictivo. Por años funcionó esta mafia del embotellamiento. Diariamente se crea un atasco de dos horas, en un tramo de 700 metros, solamente para que el esquema delictivo propiciado por la administración de Sandra McLeod, funcione. Está a la vista de todos a metros de la oficina de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur). A pesar de ello los funcionarios de dicha institución nunca hicieron nada para defender a los turistas, ni siquiera un pronunciamiento, de tal forma a que la intendente aunque sea se ruborice sobre esta vergonzosa práctica.
La Senatur no ha asumido su responsabilidad que es velar por el turismo y defender a los turistas, que llegan a la región, así como emitir un llamado de atención a la ciudadanía en general sobre esta situación, que no hace más que ensuciar aún más la mala imagen de la ciudad. Lo mismo pasa con los seudo empresarios, cómplices y beneficiarios de la ilegalidad y la corrupción, quienes hasta ahora no se pronunciaron sobre este esquema. Son los mismos que después pegan el grito al cielo porque no vienen los turistas, pero no tienen el valor de defender a sus potenciales clientes y de contribuir a desterrar la corrupción del microcentro. Una vergüenza.

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