Promesa electoral y otras mentiras

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Cuando faltan apenas 15 días para elegir -en teoría- un nuevo rumbo para esta nación, promesas van, promesas vienen. Nada es más atípico que un político coherente y con ideas claras, y siendo sincera, y con un toque de exageración, digo que hay uno en un millón.
En los debates, los candidatos -a nivel regional- que ocupan los primeros puestos en las encuestas presentan propuestas genéricas, divagan o en todo caso, gastan ese tiempo en atacar a sus adversarios políticos.
Todos los postulantes quieren mejorar la educación y la salud, y me parece genial porque son las áreas en las que diariamente vemos situaciones extremas de precariedad, ya sea por falta de presupuesto o por pobre gestión del gobernante de turno. Sin embargo, no explican ni dan detalles de esas propuestas y, lamentablemente, el electorado tampoco las exige.
Muchos de los postulantes no hacen más que desnudar su falta de preparación al decir frases como “tenéme en tu celular y yo te voy a tener en mi corazón”, como parte de su campaña electoral.
Que el candidato tenga al ciudadano “en su corazón”, ¿hará que se generen más fuentes de empleo, que las escuelas ya no se caigan a pedazos o que no falten medicamentos en los hospitales? Lo más seguro es que no.
Este es un periodo en el que más escuchamos promesas, en su mayoría vacías de contenido, pero promesas en fin. A las promesas electorales también podemos llamarlas mentiras, a decir de la experiencia de los paraguayos.
Aunque siempre haya sido así, espero que en un futuro no muy lejano -el 22 de abril- dejemos de lado el plagueo y actuemos como se debe: votando con consciencia y responsabilidad.

Por Patricia Alvarenga

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