La libertad sexual puede costar la vida

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Patricia apareció muerta el jueves en un sojal de Presidente Franco. Cuando la noticia fue publicada, algunos medios de comunicación hicieron especial énfasis en su vida sexual. Con este enfoque, se dio pie a una serie de comentarios machistas y denigrantes hacia ella.
Patricia fue juzgada por ser mujer, trabajadora sexual y lesbiana. Porque como en el caso de Sonia, cuyo cuerpo fue incinerado por el feminicida, antes que condenar el crimen, muchas personas condenaron la vida sexual de la víctima.
El mensaje de la sociedad es: “si sos mujer, no podés relacionarte con varias personas a la vez, de lo contrario, te matan y si te matan por tener varias parejas sexuales, está bien”. Nosotras no podemos ejercer la libertad sexual, ése es un privilegio de los hombres.
Una mujer es asesinada por semana en Paraguay. Las cifras de feminicidio este año son superiores a las del año pasado. Hablamos de mujeres asesinadas por hombres de su entorno cercano, parejas o exparejas. El problema es gravísimo y pareciera no importar. Tampoco importan los casos de acoso, que como otras violencias afectan a las mujeres, gozan de impunidad.
Esta semana, surgió la denuncia pública de una docente que filmó al dueño de una universidad privada de Ciudad del Este, cuando le pedía tocarle sus senos. La docente fue desvinculada de la institución educativa y el empresario amenaza con querellarla.
En una escuela de Minga Porã, un docente violó a una alumnita de siete años de edad y está prófugo. La Fiscalía no lo imputó y el director de la escuela ofreció un “acuerdo” con los padres de la víctima.
¿Hasta cuándo tanta violencia? Nuestros cuerpos merecen respeto, no son territorio de conquista. En la escuela y en la universidad, en las calles y en nuestros hogares, las mujeres nos queremos vivas y libres.

Por Sofía Masi

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