¿Es la última oportunidad?

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Por Ramón Casco Carreras

El 26 de abril de 1973, en Brasilia, 45 años atrás, ante la sombra perturbadora de los dictadores militares que detentaban la presidencia de nuestro país y del Brasil, Alfredo Stroessner y Emilio Garrastazú Médici; Raúl Sapena Pastor y Mario Gibson Barboza, los cancilleres de entonces, firmaron el Tratado Itaipu, al margen de la decisión e inclusive conocimiento de sus pueblos.
El 13 de agosto de 1973, en el Palacio de López, ante la presencia del dictador Stroessner, Sapena Pastor y Barboza canjearon los instrumentos diplomáticos de ratificación del tratado que habían firmado cuatro meses antes en Brasilia.
El canje de referencia traspone las fronteras de los actos meramente protocolares de la diplomacia; porque, en el caso específico de la gran obra de ingeniería del Siglo XX, puso en vigencia su marco jurídico.

¿Es relevante la fecha en que pusieron en vigencia el Tratado de Itaipu?
Muy relevante, sin dudas, porque el mismo documento, el numeral VI de su Anexo C (bases financieras y de prestación de los servicios de electricidad…”, consagra un plazo de medio siglo”, para que las Altas Partes Contratantes, en definitiva los gobiernos, no solo el Ejecutivo, puedan “revisar” las disposiciones de esta parte del Tratado y, de acuerdo con la lógica más simple, los artículos del Tratado con los cuales tenga relación.
El plazo en cuestión comenzó en regir el 13 de agosto de 1973, por tanto, el 13 de agosto de 2023 alcanzaremos los 50 años estipulados.

¿Es importante “revisar” las disposiciones del documento en cuestión? Es importante, porque tal vez sea la última oportunidad con la que cuente el Paraguay para imponer su soberanía plena sobre el 50% de la producción de Itaipu que le pertenece, de cuyo abrumador porcentaje, desde 1985, año en que esa central comenzó a producir energía eléctrica, hasta la fecha, se aprovecha el sistema eléctrico brasileño.
Según estudios hechos por el Ing. Juan José Encina, técnico del sector energía de nuestro país, en el período de referencia, nuestro país “cedió” al sistema brasileño 1.076.639.000 MWh (1 MWh = 1000 KWh) y que por esa extraordinaria cantidad recibió US$ 3.723 millones, o un promedio de US$ 3,46/MWh.
De acuerdo con Encina, si tuviera en cuenta solo la equivalencia con los precios vigentes en el mercado del petróleo, el Paraguay, copropietario por partes iguales de la usina, debió recibir US$ 27.080 millones.
A su turno, el especialista estadounidense Miguel Carter, completando los estudios que inició su compatriota Jeffrey Sachs, concluye que debimos recibir por la energía cedida en más de 30 años más de US$ 50.000 millones, que apenas es un promedio de los precios vigentes en cuatro mercados de energía eléctrica en Brasil y en el del petróleo.
Es importante, por ende, para que cualquier comprador, inclusive Brasil, pague por fin al Paraguay por su energía eléctrica el tan reclamado “justo precio”.

rcasco@abc.com

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