¿Qué nos depara como país?

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La pregunta es tan amplia como la incertidumbre que me aqueja. Se cumple casi una semana de las elecciones generales y aún no sabemos (con seguridad) quién fue electo presidente de la República. La Justicia Electoral proclamó como ganador de la disputa a Mario Abdo Benítez, candidato del Partido Colorado, en base a datos preliminares. Sin embargo, en estos días de juzgamiento de las actas, surgieron denuncias de un supuesto fraude electoral. También se instaló la duda, sobre la composición del Congreso Nacional y los resultados electorales para otros cargos.
Las elecciones en Paraguay históricamente estuvieron cargadas de vicios y prácticas antidemocráticas. El sistema está diseñado para que ganen o puedan competir personas y partidos con capacidad económica. Gana quien tiene más plata, el partido con más estructura. Con mucho sacrificio, logran participar como candidatos o candidatas personas independientes a los partidos tradicionales, mujeres e indígenas.
La democracia en Paraguay es una farsa y que me disculpen quienes defienden este sistema. Y no basta con hacer una crítica al sistema electoral, sino a toda la estructura de poder. Dicen que nuestra Constitución Nacional es una de las mejores, sin embargo, también está cargada de contradicciones, vacíos legales y artículos excluyentes. No soy una experta ni constitucionalista. Soy una simple ciudadana que ejerce el periodismo. Pero en estos tiempos de convulsión política, a un año de la quema del propio Congreso Nacional, del asesinato de un joven en la sede de un partido político y con la inminente asunción de un stronista como presidente de la República, considero oportuno poner en crisis todo el sistema de una vez por todas.
Me tildarán de radical y lo tomaría como un halago, pues las personas radicales son aquellas que buscan soluciones a los problemas de raíz, no salidas superficiales. Claramente no tengo una solución a la crisis, porque no depende de una persona, la transformación política y social es un proceso colectivo. Simplemente invito a iniciar entre todos y todas, una transformación de fondo, la búsqueda de un sistema donde el poder sea realmente del pueblo y no de unos pocos grupos dominantes.

Por Sofía Masi

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