Día del Maestro

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Es innegable que la profesión docente es una de las más sacrificadas y exigentes, y que tiene una vital importancia para el desarrollo de una sociedad. Son los responsables de la formación de las futuras generaciones y de los futuros líderes. Si hoy tenemos zopencos dirigiendo el país, como bien lo dijera un diputado nacional de nuestro departamento, esos son frutos del sistema educativo. Si nuestra democracia tambalea es porque en las escuelas todavía no se practica el respeto a la libertad y al individuo. Los mismos maestros de ahora, también son frutos del perverso sistema educativo de la dictadura y que no se mejoró en la democracia, desafortunadamente. No hace mucho los exámenes demostraron el bajo nivel de preparación de nuestros maestros.
Por miserias políticas de los últimos 70 años, existe en nuestro país, a nivel general, una desvalorización del rol docente. El último ministro de educación, ahora senador electo, Enrique Riera, siguió intentando utilizar a los maestros para sus intereses políticos y desafortunadamente directores, supervisores y maestros siempre se prestaron a este tipo de jugada, en vez de poner por encima la más noble labor que la sociedad delega en sus manos.
El Día del Maestro, que se celebra hoy, es una oportunidad propicia para una autocrítica personal y gremial, de los docentes. ¿Qué nivel de responsabilidad tienen los propios maestros y maestras en la calidad de los profesionales que van emergiendo del sistema educativo? ¿Qué responsabilidad tienen en el tipo de liderazgo que vamos construyendo en la sociedad? ¿Qué tipo de valores vamos inculcando en las escuelas y colegios para que la corrupción se tome como algo normal en nuestra sociedad?
A pesar de las críticas que podamos hacer, necesariamente para mejorar nuestro sistema educativo es innegable el esfuerzo diario que realizan los maestros, que pasan por innumerables sacrificios de falta de materiales, precariedades edilicias y desvergonzados negociados en la provisión de materiales y complemento nutricional para los niños. Los padres también deben asumir su parte de responsabilidad en este terrible abandono, al no acompañar la formación de sus hijos y preocuparse también por acompañar la labor docente.
Es imperativo, entonces, que desde el Estado haya una muestra de mayor interés por la educación prestigiando la labor docente con una buena remuneración, que ya no haga falta que los maestros salgan a cerrar rutas para percibir lo que se merecen. Además, acompañarles con una buena capacitación para que actualicen sus conocimientos.
Expresamos, pues, a los maestros y maestras en su día, nuestros mejores augurios de felicidad y de éxitos en su importante y trascendente labor.

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