Entre el funky y la cachaca

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Imagínese llegar a su casa después de un día agotador con el único deseo de descansar. O que se encuentre con alguna dolencia, como un dolor de cabeza, gripe o que solamente quiere ponerse en plan de relax en la comodidad del hogar. Ahora, imagínese en uno de esos escenarios pero con un ruido estridente tan fuerte que hace vibrar las puertas y ventanas. Ahora multiplique esta molestia por varios días de la semana y que además, esos ruidos sean una mezcla entre cachaca y funky. Sería sencillamente insoportable, enfermante y estresante. Esto es lo que todos los días decenas de familias pasan en Ciudad del Este y municipios aledaños.
Personas inescrupulosas, irrespetuosas y desconsideradas simplemente hacen lo que quieren, salen a las calles con sus enormes parlantes a causar molestias. Lo que es peor, se juntan en algún sitio de venta de bebidas alcohólicas, donde con la anuencia y permisividad de los dueños de los locales pasan horas causando estos disturbios.
Este tipo de descontrol se da por la inutilidad de nuestras autoridades de hacer cumplir las normas. Nadie castiga a los infractores, quienes se burlan de todo y de todos e impunemente siguen cometiendo los hechos. Sin embargo, más allá de las normas, por una cuestión de humanidad, debemos respetar al semejante. Tomar conciencia como ciudadano civilizado y como sociedad, ponernos en el lugar del otro y sobre todas las cosas, practicar el respeto y la consideración. Si alguien cercano comete este tipo de actos, debemos tratar de hacerle entender que si estuviera en el lugar de otro, si tuviera a un padre, madre o hijo enfermo, ¿le gustaría estar con música a todo volumen todos los días? Es la única forma de avanzar hacia una sociedad de respeto, armonía y consideración.

Por Tereza Fretes Alonso

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