Buena vida a costa del pueblo

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El gobernador del Alto Paraná Fernando Schuster Salinas, del Partido Colorado, adjudicó a una firma privada, la adquisición de pasajes aéreos por un monto máximo de G. 150.000.000. Está claro que el funcionario tiene previsto ir a algún lugar en el extranjero, y como siempre ocurre, seguramente irá acompañado de toda su gente de confianza. Las salidas al exterior también acarrean cuantiosos gastos en pagos de jugosos viáticos, por supuesto, todo salido del presupuesto público.
Los gobiernos regionales lastimosamente se convirtieron en refugio de haraganes, planilleros, la mayoría de ellos operadores políticos, que lo único que les importa es aprovecharse de los recursos públicos para vivir una vida cargada de placeres y diversión.
Esta semana nomás, la prensa se hacía eco también de un lamentable caso de presunta compra de premiación en el que habría incurrido el gobernador de Paraguarí Óscar Velaztiquí, también del Partido Colorado. El político supuestamente recibió el Premio internacional Maya, en México, como “Mejor Gobernante de Iberoamérica”; y por supuesto, corrió a recibirlo. El premio goza de fama, pero no porque es importante, sino porque se vende al mejor postor, y no se descarta que Velaztiquí lo haya comprado, con dinero de la Gobernación.
Con el gobernador de Alto Paraná asegurando viajes aéreos, y el de Paraguarí recibiendo en México un premio que cuanto menos no lo merece, abona aun más la teoría de que lo único que tienen a la vista es aprovechar al máximo la oportunidad de gastar el dinero que no es el suyo, que pertenece al pueblo.
Con la creación de las gobernaciones, en 1992, se buscó llevar adelante una descentralización que ayude a desarrollar mejor los pueblos sin tener que depender del Gobierno central.
Sin embargo, los políticos los tomaron por asalto y los convirtieron en un ente donde cada cinco años planillean un montón de gente bien pagada, que no aportan absolutamente nada a la sociedad. No son otra cosa que una agencia de empleo de los gobernantes de turno y sus allegados. Desde allí se aseguran los mejores puestos con jugosos sueldos; realizan viajes a diversos lugares del mundo todo pago con dinero público; y se trafica influencia para beneficiar a los amigos y sacar ventajas económicas, entre otros beneficios.
Ningún gobernador departamental puede jactarse de una aceptable gestión. La mayoría se pasa quejándose de la falta de presupuesto, sin embargo, el dinero que se les entrega invierten en todo lo manifestado con anterioridad, mientras sus pueblos cada vez están más sumidos en la miseria y el abandono.

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