Problemas que no se pueden encerrar

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Paraguay es “potencia” mundial en un área que afecta a toda la sociedad, la prisión preventiva. Las prisiones atestadas de internos y la escasa apuesta a la reinserción social terminan por dañar más a los que están en las clases sociales más bajas.

Primeros en América latina y cuartos a nivel mundial. Esas son las posiciones que ostenta nuestro país en índice de prisión preventiva. “Cuarto lugar en el mundo, pero por detrás de países como Libia, Mónaco y Andorra, pero por proporción, nuestro porcentaje es el más grande a nivel mundial. Eso es escandaloso”, alerta Soledad Villagra, del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP).

Lo recomendado es que el 40% o menos de la población penitenciaria de un país cuente con prisión preventiva. En Paraguay, el porcentaje es de 78% de personas privadas de libertad sin condena.

“Hay una grandísima cantidad de personas presos sin se haya probado de lo que se acusa. Encerrada, la gente causa muchísima más inseguridad de lo que la gente piensa”. Según estimaciones 800 personas nuevas ingresan al sistema penitenciario al año al sistema y actualmente existe un déficit de 5.000 internos sin lugar en los recintos penitenciarios.

Refiere que el hacinamiento empeoró drásticamente desde el 2011, con la duplicación de la cantidad de personas encerradas. Lo atribuye en parte a la ley antidrogas que califica de populista. “Es criminología mediática. Pasa algo, se asusta la gente y ya sacan cualquier ley, sin estudiar estadísticas. Esta situación ha disparado la tasa penitenciaria, en algunas cárceles incluso hay 377% de hacinamiento. “La cárcel de Emboscada es la peor. La de Tacumbú alberga más del doble de su capacidad. En Ciudad del este, 225%”, detalla.

Describe a esta situación como “cultura del encierro” en la que se piensa que las personas infractoras están mejor encerradas. “En la cárcel hay cualquier cantidad de gente con trastornos mentales, problemas de adicciones. Las adicciones no tienen por qué ser tratadas en las cárceles. La mayoría de los jóvenes no tienen un problema de delincuencia; hemos visto gente que por fumar marihuana está presa”.

La gran mayoría de las personas con prisión preventiva, con procesos que ni siquiera son revisados, son los más débiles del sistema. “Nuestra justicia tiene mucha burocracia y cuesta mucha plata. Es muy fácil entrar, pero cuesta mucho salir”.

Un censo sobre población penitenciaria femenina y de menores infractores expone que un 63% de las mujeres están presas por tráfico de drogas en pequeña escala, mientras los adolescentes y adultos, por acusaciones de hurto, delitos contra la propiedad, no delitos violentos.

Fuente: ABC DIGITAL

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