Una tarea de todos

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La semana pasada una niña de 13 años del distrito de La Pastora, departamento de Caaguazú, se quitó la vida tras soportar años de sometimiento sexual de parte de su padre. Sus dos hermanas y su hermanastra también eran víctimas, según se constató con los informes psicológicos. En otro caso, durante un juicio oral y público en Ciudad del Este, se reveló que otra niña que fue violada también por su padre biológico cuando tenía 8 años, fue obligada a firmar un acta notarial, retirando la denuncia contra su progenitor. Según los datos, fue obligada por su familia a ocular el hecho y así evitar que el abusador sea condenado a pena de cárcel.
Los abusos sexuales en niños en nuestro país tiene un grave componente cultural, en nuestra sociedad. Se acostumbra a ocultar y a justificar estos terribles hechos, a callarlo y evitar a toda costa que se sepan, para evitar “la vergüenza familiar”. No hay un sinceramiento sobre este problema que afecta a todos los estratos sociales.
Las cifras oficiales son solo una parte de la realidad de los abusos contra los niños, niñas y adolescentes del país. Los abusos tienen terribles consecuencias en los menores de edad. Se debe activar un mecanismo que asegure la represión de los abusadores, la prevención de los casos y contención integral para lograr la mejor recuperación de las víctimas.
Se necesita llegar hasta las comunidades más lejanas con informaciones básicas que sirvan para detectar estos casos. Por ejemplo, los docentes deberían estar preparados para abordar correctamente estos casos. Podrían ser esenciales para que se hagan las denuncias.
La educación y la sanción son las únicas vías para enfrentar este terrible flagelo que está matando a nuestros niños y adolescentes. Como estos abusos ocurren en el seno familiar, donde la niñez debería de gozar de protección, se debe buscar la concienciación de los adultos. Además, el Estado debe asumir esta responsabilidad destinando esfuerzos y recursos necesarios para implementar programas de prevención y protección a los niños en todo el territorio nacional. Más allá de eso, todos y cada uno de nosotros debe estar alerta ante un nuevo caso y tener el coraje de salvar de su calvario a la víctima. La protección de nuestros niños es tarea de todos.

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