De la euforia al rechazo

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Hace cinco años, el país palpitaba con mucha expectativa la asunción de un nuevo presidente. Horacio Cartes, un exitoso empresario vinculado a varios emprendimientos, había ganado las elecciones de abril y se preparaba para desembarcar en el Palacio de López.
En ese entonces, para estas alturas ya tenía casi lista su “selección nacional” como llamaba a su gabinete. Cartes era una apuesta diferente, pese a que significaba la vuelta del Partido Colorado al poder tras escasos cinco años de llanura.
Hoy, como hace cinco años, comenzó para él la cuenta regresiva, pero para abandonar el poder. Desde el domingo ya se instaló de nuevo en su residencia particular, pues en Mburuvicha róga comenzaron los arreglos para recibir al próximo inquilino, el presidente Mario Abdo Benítez.
El gobierno que se va es una de las decepciones más grandes quizás de la era democrática, pues con los que lo antecedieron de alguna forma la ciudadanía tenía sus reservas. Incluso cuando se dio la alternancia en el 2008 con la llegada del exobispo Fernando Lugo al poder.
Cartes tenía la aprobación de la mayoría. Prometía ser diferente. Con su fama de empresario exitoso y multimillonario se decía que por fin llegaba alguien que no necesita robar, pues nada le falta. Tenía las manos libres para luchar contra los males que carcomen la sociedad paraguaya que son la corrupción y la impunidad.
Sin embargo, resultó ser más de lo mismo. Bajo su gobierno hubo centenares de denuncias de corrupción que salpicaron a su entorno más inmediato y ninguna persona fue procesada o investigada. En algunos casos, como ocurrió con la administración del ministro de Agricultura Jorge Gattini, solo fue apartado del cargo y las denuncias escondidas bajo la alfombra.
Se hicieron grandes obras, sí, pero la mayoría de ellas tienen un tufo a tragada de plata como el superviaducto construido en Asunción que fue adjudicada en 124.000 millones y se terminó pagando G. 3.000 millones más. Cuando más se acerca el fin, surgen más casos, algunos inclusive muy graves como el que salpica a la empresa familiar del jefe de Estado, Aerocentro cuyo trabajo de mantenimiento del avión del Ministerio de Agricultura está en veremos. La máquina se precipitó a tierra y causó la muerte de cuatro personas, entre ellos el titular de la cartera Luis Gneiting.
Cartes no solo se va con el estigma de haber encabezado un gobierno corrupto, sino también con el de una persona que por su soberbia y sus aspiraciones personales puso en jaque a todas las instituciones. En el 2017 intentó atropellar el Congreso para hacer aprobar una enmienda constitucional y poder buscar su reelección. Poco después, utilizó al Tribunal Superior de Justicia Electoral primero y después a la Corte Suprema de Justicia para habilitar su inconstitucional postulación a senador activo.
Llegó con el mote de estadista; hoy es solo un ciudadano que genera rechazo. Ni siquiera sus correligionarios se acercan a él en sus esporádicas apariciones públicas.
El 15 de agosto asume Mario Abdo Benítez, uno de los críticos del presidente Cartes, especialmente en estos últimos años de mandato. Hay mucho escepticismo sobre lo que podría llegar a ser su gobierno, pero con no repetir los errores de su antecesor, respetar las instituciones y no someter al país a otros cinco años de agitación política, ya habrá hecho la diferencia.

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