¡Era tan bueno!

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Por Amancio Samuel Bado

“El hecho que se haya muerto no lo convierte en buena gente. Hoy se denunció que este hombre cobraba en forma indebida 681 millones de Yacyretá”, dijo el periodista Enrique Vargas Peña, la noche en que se conoció la muerte del periodista Víctor Benítez. “Es uno de los señores que más daño ha causado al periodismo paraguayo, es un hombre que por dinero tomaba posiciones”, agregó.
Se suele decir que no es de caballeros criticar a un muerto, porque ya no tiene forma de defenderse. Pero, ¿la muerte convierte en buena a una persona? Pareciera que la partida de alguien acrecienta el lado bueno del fallecido, a tal punto de exaltar sus bondades hasta convertirlo en un santo. “¡Era nio tan bueno!”.
En el otro extremo están aquellos, que por más increíble que parezca, celebran la partida de un ser humano, probablemente porque en vida les causó alguna suerte de malestar o incordia. Quienes tuvimos el privilegio de ser criados en el campo sabemos que cuando se faena un animal, el resto de la manada se pone triste. Suele pasar esto en el caso del ganado vacuno. Por ello, el campesino habitualmente aparta un día antes al animal que será faenado. Si hasta los animales pueden expresar su tristeza por la muerte de su congénere, ¿cómo es que el ser humano puede festejar una muerte? Se comenta que cuando le mataron a Pablo Medina, los narcos de Ypejhú, explotaron petardos para celebrar.
Hay personas que con su actuar hicieron daño a la sociedad, como el caso de los criminales de guerra, los torturadores de la dictadura y los capos de la mafia que ordenaron muertes de muchas personas y provocaron mucho dolor a familias enteras. ¿Está obligada la sociedad a olvidar estos antecedentes solo porque la persona dejó de existir? En Ciudad del Este, por ejemplo, hay una calle que lleva el nombre del represor stronista Patricio Colmán. Y muy recientemente, la Junta Municipal resolvió ponerle el nombre de Carlos Barreto Sarubbi a una calle, también con negros antecedentes de cuando era un poderoso empresario de frontera. ¿Merecen realmente, el reconocimiento de la sociedad, los nombrados?
Ya no se podrá sancionar a una persona que ya partió a la eternidad y ni siquiera tendrá la oportunidad de defenderse, pero la partida no debe significar el olvido en ninguno de los casos, tanto para las personas que hicieron el bien, como también para las personas cuyas actuaciones hicieron algún daño a la sociedad. Y el reconocimiento social debería estar reservado para los primeros.

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