Es de valientes reconocer los errores

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Hace casi una semana, el Paraguay vive momentos de agitación social como consecuencia de decisiones erradas de la clase política. Todo se inició el martes cuando repentinamente la Cámara de Diputados decidió convocar a sesión extraordinaria para dar un corte definitivo al caso del diputado José María Ibáñez. Hasta ese día no se había reunido siquiera los números necesarios para realizar la convocatoria, situación salvada rápidamente, pues el objetivo era tratar y rechazar el pedido. En ningún momento se habló de la posibilidad real de pérdida de investidura.
El legislador había reconocido que estafó al Estado al hacerle pagar el sueldo de tres personas que se encargaban de cuidar su casa quinta ubicada en Atyrá, por lo que se planeó su expulsión. Un delincuente confeso no podía seguir formando parte del cuerpo Legislativo.
Un total de 48 diputados decidieron que Ibáñez siga ocupando su banca, y desataron la ira de la ciudadanía. Desde ese miércoles, los 48 quemados detrás de Ibáñez perdieron la tranquilidad, pues grupos de ciudadanos indignados por la situación comenzaron a “visitar “ sus casas para demostrarles su indignación.
Sin embargo, contados son los que hasta ahora mostraron algo de arrepentimiento. El diputado colorado por Amambay, Juan Silvino Acosta es uno de los pocos que reconoció que se equivocó. Se había abstenido de votar.
Cuando asumieron sus bancas en julio pasado, los legisladores habían manifestado la necesidad de obrar de acuerdo a los intereses de la ciudadanía. Inclusive, cuando se planteó el caso Ibáñez algunos señalaron el deseo de reconciliarse con la gente.
Si en algún momento hubo un ápice de sinceridad este es el momento de buscar esa reconciliación.
Los legisladores deben enmendar el error. Actuaron mal al defender a un delincuente confeso. Es hora de entender que los tiempos cambiaron y la ciudadanía ya no está dispuesta a aceptar decisiones que van en contra de sus intereses.
Es de valientes reconocer errores. Los diputados están a tiempo de corregir sus acciones. Deben hacerlo por el bien del país que necesita vivir en paz. Está claro que Ibáñez de por sí no va a renunciar, pues en la última sesión no mostró el más mínimo arrepentimiento ni vergüenza. Por una persona de esta calaña no vale la pena soportar el desprecio de la ciudadanía

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