Que sea el inicio del saneamiento moral

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Corralado, blanco de escraches, críticas y pedidos de revisión que provino hasta de la Iglesia Católica, el diputado colorado José María Ibáñez finalmente presentó ayer su renuncia a la Cámara de Diputados. Este era su segundo periodo parlamentario. Había accedido a una banca, integrando la lista sábana de candidatos del Partido Colorado por Central.
En el periodo anterior 2013-2018, durante casi cinco años mediante chicanas evitó ir a juicio oral por haber hecho pagar al Estado el salario de tres personas que trabajaban como cuidadores de su casa quinta ubicada en Areguá. El legislador reconoció que cometió los delitos de estafa, producción de documentos no auténticos y cobro indebido de honorarios.
Apenas se inició este periodo, intentó librarse de la causa con la complicidad de la fiscala Victoria Acuña, quien solicitó para el mismo procedimiento abreviado. Así, pagando multa y realizando alguna donación, ya quedaba libre de culpa y pena.
Sin embargo, al reconocer el delito cometido quedó comprobado que incurrió en tráfico de influencias por lo que, según establece la Constitución, debía perder su investidura de legislador. Pero en esta ocasión, una vez más, intentó salvarse con la complicidad de 48 de sus colegas, mayoría correligionarios suyos. La ciudadanía se hizo sentir e inició un fuerte repudio que culminó finalmente con la renuncia del mismo.
Una vez más, la ciudadanía fue la gran protagonista en este caso. Si la gente se quedaba callada y como en otras ocasiones dejaba pasar la situación, seguiría teniendo nada menos que como integrante de un Poder del Estado a un delincuente confeso, y para colmo petulante, soberbio y sinvergüenza.
Ibáñez se burló de la gente. El pasado miércoles, en un discurso de casi dos horas, no mostró un mínimo de arrepentimiento. Es más, intentó minimizar el delito que cometió y trató de presentarse como víctima de una cuestión particular, familiar. Decía que era víctima de una caza de brujas, de una inquisición moderna.
El pueblo habló e Ibáñez se fue a su casa, pero la ciudadanía debe mantenerse vigilante. En las Cámaras del Congreso siguen habiendo personas que no merecen ser llamados representantes del pueblo.
Algunos cometieron la misma fechoría que Ibáñez como el caso del diputado colorado por Paraguarí Ever Rivas. El legislador en el periodo pasado también hizo contratar a la Cámara de Diputados a personas que se desempeñan como sus empleados domésticos. También está el caso del senador colorado Víctor Bogado, quien hizo pagar al legislativo el salario de la niñera de sus hijas.
A estos se suman otros como el senador colorado Óscar González Daher denunciado por tráfico de influencias al igual que su colega de Unace Jorge Oviedo Matto. O el diputado Carlos Núñez Salinas procesado por contrabando.
Es tiempo de limpiar de delincuentes las instituciones. Todos aquellos que cometieron delito deben seguir el mismo camino de Ibáñez. Este es el único camino a seguir para lograr el saneamiento moral de la República.

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