Señales de advertencia del hartazgo ciudadano

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Según una información publicada ayer por nuestro diario, el exgobernador Justo Aricio Zacarías Irún (ANR), periodo 2013-2017 y actual diputado nacional, acumula más de 20 denuncias de corrupción. Las presentaciones se realizaron ante la Contraloría General de la República y la misma fiscalía, por los concejales departamentales de la oposición y del mismo Partido Colorado, al que pertenece Zacarías. Entre las tipificaciones de los hechos denunciados se señalan lesión de confianza, asociación criminal, enriquecimiento ilícito y malversación de fondos.
Una de las denuncias ante la Contraloría se presentó en el año 2016, y fue por no responder a pedidos de informe de la Junta Departamental, sobre ejecución presupuestaria y administración de bienes de la institución. También lo denunciaron por irregularidades en la reparación de la avenida Julio César Riquelme de Ciudad del Este y la avenida Monday, de Presidente Franco. Asimismo, se pidió informe sobre los denominados “Gallineros de Oro”, 52 tinglados en varios distritos de Alto Paraná que costaron casi G. 600 millones y que según informes del ingeniero civil, Silvestre Silva, eran muy precarios considerando el monto invertido. Zacarías renunció a su cargo de gobernador y ahora ya ocupa una banca en Diputado, lo que le da inmunidad por sus fueros y la Contraloría nunca movió un dedo para investigar las denuncias. Ante esta inacción del órgano contralor, el concejal Miguel Martínez recurrió a la fiscalía, pero esta tampoco realizó investigación alguna.
Ayer nomás la ciudadanía fue testigo de la renuncia del diputado José María Ibáñez, quien acorralado por la presión ciudadana optó por dejar su banca en el Parlamento. Previo a eso la mafia de la politiquería criolla comenzó a operar para otorgar impunidad al corrupto confeso. Se convocó así a la sesión para tratar la pérdida de investidura, donde 42 diputados cobarde e hipócritamente emitieron su “voto en blanco” intentando hacer la de Pilatos, pero no hicieron más que despertar el desprecio ciudadano por su complicidad con la corrupción. La jugada no funcionó y la ciudadanía logró su victoria contra la corrupción gracias a la presión social.
Es la terrible sensación de que el país está manejado por una claque de hampones lo que está colmando la paciencia de la ciudadanía. Esta caterva de bandidos, que se adueñó de la república, copa todas las instituciones y así tejen una telaraña de complicidad y protección mutua. No puede ser que después de más de dos años no se haya realizado investigación alguna sobre las denuncias presentadas contra Zacarías, al menos para desestimarlas, como lo hicieron en tantos otros casos.
La clase política tiene que entender, sobre todo aquellos que están comenzando a hacer sus primeros pasos en la administración de la cosa pública, que la galopante corrupción y la grosera impunidad están colmando la paciencia de los ciudadanos. La historia enseña cómo terminaron los políticos que no hicieron caso a las señales de advertencia del hartazgo de la gente. Está claro que el caso de Ibáñez solo fue una señal de advertencia.

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