Nos tocan la oreja

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Por Tereza Fretes Alonso

Con una ola de escaches a los políticos salieron a relucir todos los antecedentes de los parlamentarios con su respectivos chanchullos. En el caso del diputado colorado, José María Ibáñez, se logró incluso que el mismo renunciara, no tanto por la crítica ciudadana sino para poner paño frío a las inquietudes y evitar que esto se propague.
Mucho se debatió al respecto, y es cierto que el hecho que cometió no es para darle cadena perpetua o una condena de muerte. Pero en definitiva, no se pueden pasar por alto cuestiones de esta naturaleza, por tratarse de dinero público. Si permitimos que un político robe dinero y luego tranquilamente vuelva al cargo, estamos enviando el mensaje que pueden hacer lo que se les antoje, arreglan su caso en la justicia ordinaria y van a seguir colgados de las tetas del Estado.
Cada vez que un político roba parte del dinero de Fonacide, paga a los empleados de su casa con dinero del Estado, cuando ordenan a jueces y fiscales a firmar tal o cual resolución, pasando por alto la propia Constitución Nacional y las leyes nacionales, nos están tocando la oreja. Si permitimos estos hechos, cada vez va a ser peor, es como si probaran hasta dónde llega nuestra capacidad de tolerancia y de hecho, cada vez llegan más lejos, y prueba de eso es la promulgación de las notas reversales entreguistas de Yacyretá.
Todos los días nos ponen a prueba con sus fechorías. Está en la ciudadanía seguir permitiéndolo o, de una vez por todas, decir basta a los políticos corruptos e inescrupulosos que roban los recursos que se deberían estar invirtiendo en áreas tan sensibles como salud y educación. Poner un fin a la burla de que no estén tocando la oreja todos los días, es un acto de patriotismo que requiere mucho valor pero que es absolutamente necesario.

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