Una nueva esperanza

620

La asunción de nuevas autoridades a nivel nacional y regional genera esperanzas en la ciudadanía, a pesar de las repetidas decepciones y frustraciones que depararon a la sociedad los gobernantes que se sucedieron en la era democrática. Hace 5 años, Horacio Cartes despertaba también idénticas expectativas y gran apoyo de la sociedad, sin embargo, terminó su gestión hastiando a los paraguayos. Sus sucesivos ataques a la institucionalidad de la República, le valieron la repulsa generalizada, al finalizar su mandato.
Mario Abdo Benítez arrancó como presidente con un discurso sencillo y prometedor, sin muchas promesas rimbombantes, pero asegurando que “nace una nueva esperanza para el Paraguay”.
Es una oportunidad para renovar las esperanzas e insistir en la depuración de las instituciones de la república. El cáncer de la corrupción gestado en la dictadura y que hizo metástasis en la democracia, necesita urgentemente ser extirpado. Todavía no hemos tenido autoridades con coraje para iniciar una campaña de saneamiento en el país.
La podredumbre se ha instalado en todas las estructuras, haciendo que el país esté dominado por una claque de delincuentes, que se garantizan protección mutua e impunidad para sus negociados. Las nuevas autoridades tienen ahora nuevamente la carta de confianza que la ciudadanía les otorga, para iniciar ese ansiado saneamiento.
El pueblo está dando mensajes claros de hartazgo de los privilegios, de los abusos de los funcionarios públicos, de los defensores del crimen organizado, de los promotores de las actividades ilegales, quienes gracias al dinero sucio lograron enquistarse en el poder. Mientras esa pequeña minoría goza de todo tipo de privilegios, la mayoría de la población sigue padeciendo los mismos males y soportando todo tipo de precariedades e ineficiencia, de un Estado podrido, paquidérmico, corrupto e ineficiente.
Mario Abdo Benítez se presentó ante la sociedad paraguaya y el mundo como un hombre sencillo que quiere hacer bien las cosas y en cinco años retirarse con altura. “Al final de mi mandato seré, como dice la Constitución, senador vitalicio de la República del Paraguay para, con el ejemplo, mostrar que nadie puede estar por encima de la República, de la Constitución y nuestras leyes y que nadie puede ser más fuerte que el Paraguay”, dijo.
Es lo que Horacio Cartes y otros gobernantes anteriores no entendieron, cuando obnubilados por el poder pretendieron atropellar las instituciones para aumentar sus dominios. La ciudadanía está reclamando desde hace tiempo un estadista para el Paraguay. Un Jefe de Estado que le haga sentir a los paraguayos orgullosos de su presidente y que una vez que concluya su mandato pueda recibir el aplauso y los elogios ciudadanos. Es de esperar que las nuevas autoridades no desaprovechen estos cinco años para reconstruir el Estado y sobre todo, recuperar la confianza de la población.

Comments

Comentarios desde Facebook

Lectores de Vanguardia

Invitación a Grupos de WhatsApp