La gente no es idiota

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Patricia Alvarenga

palvarenga@vanguardia.com.py
La asunción de un nuevo gobierno genera mucha esperanza del rumbo que tomará nuestro país. Lo mismo ocurrió en agosto del 2013, cuando gran parte de la población paraguaya, pensábamos, ilusamente, que habría grandes posibilidades de cambio. El presidente de ese entonces no era político, sino un “empresario exitoso” -obviando sus nefastos antecedentes-. Muchos creímos que eso era un aspecto positivo en su perfil. Estábamos olímpicamente equivocados.
Violaciones a la Constitución Nacional, abuso de poder, impunidad, nepotismo, corrupción y otras tantas e incontables acciones hicieron de la era Cartes uno de los peores gobiernos de la democracia paraguaya.
El expresidente Horacio Cartes y su camarilla creyó que con el dinero y el poder se podía engañar a la sociedad. Sin embargo, la ciudadanía les demostró que no todo se puede comprar con dinero. La gente no se tragó aquel famoso cuento “Que la gente decida”, en el cual el oficialismo juraba que la ciudadanía pedía “a gritos” la reelección presidencial. Las miles de firmas fantasmas se encargaron de desenmascarar ese pésimo teatro.
Se sabe que en torno a la muerte de Rodrigo Quintana hay una gran nebulosa, con respecto a quién dio la orden de ingresar a la sede del PLRA y disparar con balas de plomo contra el joven. En todo este tiempo se ha encubierto al verdadero responsable, eso todo el mundo lo sabe.
En las redes sociales, por otra parte, tenemos a los hurreros 2.0, siempre tan oportunos, defendiendo a gobernantes de turno, con sus ya conocidas frases “la mejor intendenta” o “gracias señor presidente”. Este ejército de perfiles, sean falsos o no, coincidentemente siempre están activos “en manada” para atacar a los críticos y alabar a otros. Esto a cambio de algún beneficio o sencillamente para no perder el puesto laboral, este último en caso del funcionariado público. Pero por convicción, estamos seguros que no.
Traigo a colación los casos a modo de ejemplo, de cómo el “viejo gobierno” trató en todo momento distorsionar la realidad ante opinión pública, pero le salió mal su idea, pues solo logró más rechazo de lo que ya tenía. Cuando las autoridades desprecian al pueblo, lo único que logran es el rechazo ciudadano y eso se demostró en las urnas el 22 de abril. El pueblo paraguayo es digno y no es idiota.
Esperamos que el nuevo gobierno aprenda de estos errores, porque la ciudadanía está dando señales de hartazgo y ya no tiene paciencia.

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