Peatones en CDE y sus desafíos

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Perla Judith Benítez

En la cosmopolita Ciudad del Este, cada día somos testigos del progreso, de la expansión. El movimiento comercial permite que se movilicen miles de personas cada día. Muchos deciden trasladarse hasta esta parte de la República, dejando su pueblo natal, o su país,  y sus costumbres para adaptarse a la rutina y el estrés diario que exige esta ciudad. Es interesante ver que al ser prácticamente una ciudad improvisada, sin haber sido planificada, se haya poblado en demasía, logrando así ser una ciudad desordenada, con calles sin denominaciones, barrios alejados, y que en un trayecto de 7 a 10 kilómetros se tenga que tardar horas y horas. Ciudad del Este, de un tiempo para acá, se llenó de vehículos, (teniendo esto como trasfondo otra cuestión tan requerida y pésima, el déficit en el transporte público). Una persona que necesita trasladarse de un punto a otro, no puede contar con la seguridad de que llegará a tiempo, o si es discapacitado no tiene espacio en los buses, por lo que opta por adquirir un vehículo,  acarreando otros problemas como el embotellamiento, porque la ciudad no está diseñada. El Gobierno nacional junto con la Itaipu construyeron algunas obras sobre la ruta VII, parecía algo maravilloso ya que era totalmente necesario. La ciudadanía esperaba  que estas obras fuesen planificadas y se tuviera en cuenta a los miles de peatones que circulan en hora pico, al igual que los automovilistas. Pero en el Km 4, por ejemplo, no existen garitas de paradas de ómnibus, no hay franja peatonal, la gente debe cruzar corriendo, apeligrando su vida y la de los demás.  En tanto que en los barrios no existen cebras y si las hay, no se ven o no se respetan. En el microcentro esteño, las franjas peatonales sí están pintadas y bien definidas, pero aquí el problema radica en los conductores que no respetan y no dan paso a la persona que está esperando cruzar, a veces, las personas arriesgan y cruzan en masa, haciendo que “obligatoriamente” el conductor pare y los deje pasar. Y por si fuera poco, se escuchan comentarios o gritos como “eñatendé nde rapére!”, “no da gusto darle paso al peatón porque te bocinan todos”, “ndéra… ese va a darle paso, vamos a adelantarnos”, etc. Al reclamar nuestro derecho, al pedirle que respeten las zonas marcadas o el semáforo, tenemos que soportar expresiones como: “ajépako nde argel” o “nañame’eei voi gusto avavépe”. Y no, no nos van a dar el gusto a todos, solo pedimos que los peatones y las personas con discapacidad sean tenidos en cuenta y se les dé su lugar. Ahora que en el Km 7 se está por ejecutar otra obra de gran envergadura, una vez más, esperamos que el peatón haya sido incluido en los planes.

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