Hasta un nuevo escándalo

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La Policía Nacional es otra institución que requiere de una urgente purga e inicio de saneamiento. El Alto Paraná, como ocurre con otras instituciones como Aduanas, Puertos y la Fiscalía, las comisarías son utilizadas como refugio de personales averiados, personas que utilizan el uniforme para dar cobertura a todos los ilícitos que se cometen en la zona como ser el lavado de dinero, tráfico de drogas, de armas, contrabando, ente muchos otros.
Las comisarías, históricamente son utilizados como oficina recaudadora de dinero sucio y cuando caen en desgracia y sus fechorías salen a luz, los superiores solo atinan a realizar una barrida, un traslado general. No existe castigo, posiblemente porque si se toman medidas y el que cae habla, puede terminar salpicando hasta a las más altas esferas policiales.
Ocurrió por ejemplo con el caso Prosegur, que terminó en la nada. Existen serios indicios que la propia policía dio cobertura a la banda que llevó a cabo el golpe. De hecho, el caso se aclaró pero en el lado brasileño donde los efectivos sí realizaron su trabajo, detuvieron a los implicados y hasta recuperaron parte del botín. Este es apenas uno de los grandes escándalos de los últimos años en los que el accionar policial dejó mucho más que una simple duda.
La semana pasada los efectivos de la comisaría primera estuvieron involucrados en otro escándalo, pero que para Ciudad del Este es un caso repetitivo. Los uniformados tomaron de rehén a un turista que vino a realizar compras. Lo mantuvieron retenido por dos horas en el calabozo, le despojaron de 2.000 reales.
Ante la denuncia, la Fiscalía imputó a los policías, y desde la comandancia procedieron a destituirlos y nombrar nuevos agentes en el lugar. O sea , lo de siempre. Estos policías seguramente estarán por algún corto tiempo en el frezzer y luego serán sacados nuevamente a las calles, mientras los recién nombrados estarán aquí hasta que salte otro escándalo de hecho de corrupción que los involucre y sean sacados. Es como un círculo vicioso.
El gran desafío del gobierno de Mario Abdo Benítez será sanear las instituciones, algo que ningún presidente hasta ahora se atrevió a hacer, porque el funcionariado público es un coto de caza de los políticos y significan votos cautivos. Si no se dan señales claras del combate a la corrupción su administración terminará ensuciado por los corruptos, como sucedió con todos los otros presidentes anteriores. No hay que esperar otro escándalo para limpiar la corrupción. La ciudadanía está esperando cambios radicales.

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