Es hora de que Vaesken muestre de qué lado está

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El gobernador del Alto Paraná Roberto G. Vaesken declaró que su antecesor Justo Zacarias Irún y el interino Fernando Schuster, le entregaron un cascarón vacío. En el edificio de la Gobernación no hay ni siquiera papel higiénico. No disponen de los documentos contables para saber la situación presupuestaria de la institución. Nada, absolutamente nada.
Las gobernaciones son las instituciones más inútiles creadas en la era democrática. En teoría, el objetivo era descentralizar el poder de tal forma a que se pueda atender mejor los requerimientos de la ciudadanía; tener la posibilidad de buscar soluciones a los cuantiosos problemas de los centenares de pueblos abandonados, sumidos en la miseria, en la falta de infraestructura y asistencia a la población para poder desarrollarse.
Para desarrollar bien su tarea, cada administración regional recibe del gobierno central un presupuesto anual. Son miles de millones de guaraníes repartidos año tras año. Dinero del pueblo paraguayo que cae en saco roto. Las gobernaciones ni siquiera se deben preocupar de recaudar dinero, les cae de arriba. Solo tienen que planificar y ejecutar proyectos que beneficien a los pueblos de sus jurisdicciones.
Sin embargo resultaron ser estructuras que solo sirvieron para el clientelismo político, el robo impune a las arcas del Estado. Las gobernaciones son la descentralización de la corrupción.
En 25 años de existencia en todas las administraciones, se sucedieron cinco administradores elegidos por el pueblo. Y uno fue peor que el otro. La mayoría aprovechó el cargo para llenarse los bolsillos, concretar cuantos negociados hay para aumentar su riqueza personal, el de sus familiares y de sus correligionarios. Utilizaron el dinero público para mantener a sus amantes, sus trabajadores domésticos y traficaron influencias. Todo para sí y su entorno, nada para el pueblo.
El hecho de que González Vaesken encuentre en estas condiciones la institución no es ninguna novedad. Ocurre con cada cambio de gobierno regional a lo largo y ancho de la República cada cinco años con absoluta impunidad, una impunidad que debe acabar.
Si González Vaesken quiere realmente quedar en la historia como uno de los pocos buenos administradores de la cosa pública, su prioridad tiene que ser buscar el castigo de los que se aprovecharon de la institución hoy a su cargo. Debe cumplir con su promesa de pedir una profunda auditoría, llevar el caso a la justicia y acompañar hasta lograr un castigo ejemplar. Debe poner a conocimiento de la ciudadanía todos los hechos para que esta también tome carta. Solo con la rebelión ciudadana y autoridades con coraje y patriotismo nuestro país tendrá un mejor futuro.

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