El Paraguay del infortunio

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El presidente de la República, Mario Abdo Benítez, en los últimos años de vida política se destacó por liderar un grupo que hizo una oposición frontal al gobierno del exjefe de estado Horacio Cartes. Sus posturas firmes contra los grandes negociados y hechos de corrupción que se denunciaban lo llevaron a convertirse en un referente importante que él capitalizó muy bien para presentarse como candidato presidencial y estar en estos momentos ocupando el sillón de López.
Sin embargo, desde un principio generó preocupación el entorno del hoy jefe de Estado. Su equipo político estuvo y está integrado por varios hombres escombros que en el pasado estuvieron salpicados de hechos de corrupción o grandes negociados a costa del Estado.
El único punto que aún así despertaba un poco de esperanza es su discurso que mantuvo coherente en todo momento. El 15 de agosto, en el acto de asunción, habló una vez más de combatir la corrupción, la impunidad y aseguró que trabajará por un Paraguay de la gente.
Sin embargo, los nombramientos que realiza no sugieren que su Gobierno descollará por su honestidad y eficiencia. Siguiendo con su política de rodearse de gente de poca honorabilidad, los elegidos para los cargos de segunda y tercera línea son viejos conocidos no precisamente por ser buenos servidores públicos. Resaltan los hombres viejos, remendados y escombros, lo que indica que, pese a sus grandilocuentes protestas contra la corrupción y su promesa de sanear las instituciones, su gestión seguirá el mismo derrotero que caracterizó la de su antecesor, signado por el latrocinio y la ineptitud.
Los nombres conocidos hasta ahora bastan para afirmar que el nuevo Gobierno ha tenido un muy mal inicio. Una cosa es renovar y otra reciclar escombros para retribuir apoyos políticos.
“El infortunio se enamoró del Paraguay”, decía el gran escritor Augusto Roa Bastos. Y cuánta verdad había en sus palabras. El país lleva décadas y décadas sin poder levantar cabeza, todo por culpa de grupos de delincuentes que se prendieron del poder como garrapatas solo para beneficios personales o de grupo. Abdo Benítez aún está a tiempo de cambiar esta dolorosa realidad.

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